Ecologías plurales del cuidado: Observación y documentación de tecolotes, monjitas y codornices en la frontera norte de México

 

 

Roberto Méndez-Arreola

Centro Chihuahuense de Estudios de Posgrado-Ciudad Juárez

robcmendez@gmail.com

 

 

Resumen

Actualmente, la observación y registro de las aves realizado por personas en todo el mundo suele asociarse con prácticas de ciencia ciudadana promovidas por distintas instancias que persiguen diferentes propósitos, casi siempre alineados con la identificación taxonómica y la producción de bases de datos mundiales sobre biodiversidad. Algunas de estas prácticas han sido cuestionadas por omitir las condiciones de vulnerabilidad ambiental y los vínculos entre humanos y más que humanos que dan lugar a estas observaciones, descontextualizando la información producida. En este trabajo propongo que las aves y las personas se constituyen en coagentes para la construcción de la frontera a través de un análisis de las prácticas de observación y documentación de aves realizadas por personas que viven en Ciudad Juárez, una metrópoli ubicada en la frontera norte de México, vulnerada por la contaminación industrial y el desecamiento del Río Bravo. Desde una perspectiva más que humana y en diálogo con estudios feministas de la ciencia, se muestra cómo las observaciones que realizan estas personas responden a intereses diversos, desde los científicos hasta aquellos relacionados con el reclamo ciudadano de contar con más espacios públicos, las prácticas artísticas y de denuncia por un entorno lastimado y vulnerado en ambos lados de la frontera. Se trata de prácticas que buscan poner atención en las distintas formas de vida que participan en la construcción de las ciudades y las fronteras e involucrarse con su cuidado, por lo que las denomino como ecologías plurales del cuidado.



Abstract

The observation and recording of birds by people around the world are often linked to citizen science initiatives aimed at various goals, primarily focused on taxonomic identification and the creation of global biodiversity databases. However, some of these practices have faced criticism for ignoring the conditions of environmental vulnerability and the connections between humans and more-than-humans, which can lead to a decontextualization of the information produced. In this paper, I suggest that birds and people can be seen as co-agents in constructing the border, particularly through an analysis of bird observation and documentation practices by residents of Ciudad Juarez, a northern Mexican metropolis affected by industrial pollution and the depletion of the Rio Bravo. Adopting a more-than-human perspective and engaging with feminist science studies, I illustrate how these observations reflect various interests, ranging from scientific inquiry to community demands for more public spaces, artistic expressions, and advocacy for a healthier environment on both sides of the border. These practices emphasize the importance of acknowledging the diverse forms of life that contribute to the shaping of cities and borders, and they advocate for greater involvement in their care and protection.

 

Palabras clave/ Keywords

Ciudad Juárez, prácticas de observación de aves, ciencia ciudadana, aprendizaje ambiental, estudios fronterizos, ecologías plurales del cuidado

 

 

Introducción



Una garza blanca vuela sobre el cauce del Río Bravo mientras cruza la línea fronteriza donde cientos de personas esperamos turno para la revisión de nuestros documentos migratorios. A pesar de su apariencia brillosa, pasa desapercibida por las personas que intentan cruzar el cauce del río seco que marca la frontera entre México y Estados Unidos.

Una parvada de ibis aprovecha el agua acumulada en la superficie arcillosa de un campo de algodón que acaba de ser regado para repostar y buscar un poco de comida a unos cuantos metros de un fraccionamiento urbano que colinda con el muro fronterizo.

¿Qué podemos decir sobre las aves que viven en la frontera y que ocupan los espacios entre el Río Bravo, las fábricas y los nuevos fraccionamientos urbanos? ¿Por qué nos debe importar la presencia de estas aves en la ciudad? ¿Cómo se vinculan estas aves con las personas y las prácticas colectivas de producción de conocimiento, las pedagogías urbanas, la ciudad y la frontera?
-Notas de campo. Abril de 2023 y mayo de 2024

Las notas con las que inicio este texto ilustran mi interés en pensar las aves, las personas y las infraestructuras ribereñas y fronterizas como un conglomerado de entidades que fluyen y se enredan para dar forma a la experiencia de habitar en esta frontera del norte de México. Este interés me llevó a conocer un grupo de personas que participan en la observación y el registro de las aves de Ciudad Juárez, México. Con base en una perspectiva más que humana (Tsing 2015; Haraway 2016; Sundberg 2011) argumento que estas actividades deben de entenderse como prácticas comprometidas de habitar y hacer la ciudad y la frontera, pues se articulan con preocupaciones y acciones que buscan visibilizar y hacer frente a procesos como el crecimiento urbano, la desaparición del paisaje agrícola y la contaminación industrial que vulnera a los habitantes humanos y no humanos, por lo que me refiero a estas como ecologías plurales del cuidado.

Las prácticas vernáculas o amateur de producción de conocimiento han sido investigadas en los estudios de ciencia, tecnología y sociedad (Trimbur 2013; Mukerji 2009). En particular, la ciencia ciudadana —definida como la participación de ciudadanos en la producción de datos e información para proyectos propios o aportando datos e información para proyectos e instituciones académicas o gubernamentales (Corburn 2005; Dickinson y Bonney 2012)— ha sido abordada en estudios que analizan las formas de organización y participación social, los dispositivos y tecnologías materiales que suelen utilizarse, así como las condiciones de poder y desigualdad entre quienes participan y se involucran en dichas prácticas (Piña-Romero 2023; Méndez-Arreola y Kalman 2019; Vallejo-Novoa 2023).

Se trata de una labor que ha sido cuestionada por su enfoque instrumental, centrado en la producción de datos a partir de objetivos y preguntas planteadas por científicos; aunque también es necesario reconocer que se han documentado prácticas que responden a intereses contextuales y muestran ejercicios auténticos en la medida que responden a intereses locales y han sido descritos como más horizontales e incluyentes (Bonney, Cooper, y Ballard 2016; Eitzel et al. 2017).

Sin embargo, el estudio de estas prácticas no ha tenido en cuenta otras formas de involucrarse en la observación y la documentación de aves que parecen no poner demasiada atención en la clasificación taxonómica y la producción de datos cuantitativos y bases de datos, sino que surgen desde compromisos diversos relacionados con preocupaciones por el deterioro de los espacios urbanos, las infraestructuras naturales y acciones para el cuidado de las aves y otras entidades. Estas otras formas de participar en la observación de aves cobran sentido desde posicionamientos feministas de la ciencia (Braidotti 2022; Hughes y Lury 2016), que cuestionan la necesidad de romper con categorías rígidas del pensamiento occidental, que ignoran las interconexiones entre seres humanos y no humanos, y consideran el involucarmiento, la atención y las acciones de cuidado como formas de producción de conocimiento.(Puig de la Bellacasa 2012, Haraway 2016).

El objetivo de este texto es problematizar distintas actividades de observación y documentación de las aves que se cruzan con la producción de conocimiento ambiental, el activismo, la creación artística y la defensa del espacio público. De esta manera, se busca ubicar estas actividades de observación de aves en un contexto más amplio que considera su intencionalidad, las condiciones sociales, la desigualdad y la vulnerabilidad ambiental de los contextos donde sucede. Planteo la necesidad de reconocer estas otras prácticas de observación de aves como ecologías plurales del cuidado, definidas como formas de habitar y hacer la ciudad a través de la participación en la producción de conocimiento y objetos culturales que reconocen la pluralidad de experiencias y agencias, y ponen en el centro el pensamiento como un ejercicio colectivo, relacional y multiespecie (Puig de la Bellacasa 2012).

Las fronteras de Ciudad Juárez

Ciudad Juárez, ubicada en la frontera norte de México, colinda con la ciudad de El Paso, Texas. En el discurso habitual, se suele caracterizar este territorio desértico como innocuo y desprovisto de vida (Miranda Tovalí 2021), una narrativa que parece fomentar una visión del entorno que niega la presencia y el papel de otras entidades vivas como las aves que habitan de manera abundante los ecosistemas del desierto chihuahuense (Petters et al. 2023; Moreno-Contreras, Botello, y Gómez de Silva 2015). Se trata de una percepción que normaliza fenómenos como la presencia de basura industrial, la urbanización o la destrucción de los humedales del Río Bravo y que han empobrecido las condiciones para el sostenimiento de la vida en la frontera y disminuido la capacidad de respuesta y recuperación de los sistemas socioecológicos ante el cambio climático así como otros fenómenos de escala global.

Ciudad Juárez es una urbe de más de un millón y medio de habitantes, lo que la convierte en una de las más pobladas de la frontera de México con Estados Unidos (INEGI 2022). Está ubicada en el gran ecosistema del desierto chihuahuense, que se caracteriza por su cubierta de arbustos, matorrales, pastizales y arenales. En este paisaje, los ríos tienen un papel primordial al ser una infraestructura natural que permite el aporte de agua al ecosistema, generando un ambiente propicio para la flora y fauna, así como las actividades agrícolas.

Precisamente gracias a los aportes de agua del Río Bravo, el crecimiento de la ciudad tuvo como eje el desarrollo agrícola por el cultivo de hortalizas y vid, y, posteriormente, como centro importante para el cultivo del algodón durante buena parte del siglo XX. Desde la década de los sesenta, el crecimiento urbano fue impulsado principalmente por el desarrollo habitacional e industrial que ha transformado el territorio (Esquivel Ceballos et al. 2019); de ser una ciudad cuya actividad económica principal se estableció alrededor de las actividades primarias, las últimas décadas, la urbanización e industrialización ha tenido como consecuencia el desplazamiento y, en algunos casos, la eliminación de las zona agrícolas, así como un desinterés general por el río y quienes ahí habitan.

Esta transformación de un ecosistema cultivado1 a uno urbano dominado por industrias y zonas habitacionales, dio paso a la pérdida de infraestructura agrícola conformada por arboledas, humedales, pastizales, palomares y acequias que solían utilizar las aves de la región (véase figura 1).

Alt text: Palomares en uso instalados en un campo de algodón en Ciudad Juárez. Pigeon lofts in use installed in a cotton field in Ciudad Juárez.

Figura 1. Palomares en un campo de algodón abandonado en Juárez. A pesar del desplazamiento de la agricultura, aún es posible encontrar algunos de estos palomares en zonas que tenían un uso agrícola y dan cuenta de la relación de los agricultores con las aves. Fuente: fotografía de Roberto Méndez.



El cambio ambiental más significativo de los últimos años ha sido desencadenado por el control de los flujos de agua del Río Bravo como parte de los acuerdos internacionales de aguas, que sumado a las descargas de aguas contaminantes, las obras de infraestructura y canalización para prevenir inundaciones, así como los efectos del cambio climático, han provocado el deterioro del ecosistema ripario (Sandoval-Solis et al. 2022). El Río Bravo solía sostener un ensamblaje de vida donde ahora coexisten las aguas grises, la basura y las patrullas fronterizas, así como las cercas de alambres de púas que lastiman a migrantes y aves.

Estas condiciones de precariedad ambiental, caracterizadas por el deterioro del Río Bravo, la contaminación e invasión de suelos sellados por cubiertas impermeables de cemento para vivienda y maquiladoras, así como la basura provocada por la industria, parecen tener un impacto en la presencia de aves (véase figura 2). Regiones en el mundo con estas características han sido definidas como zonas de sacrificio (Reinert 2016, 2018) para enfatizar que sus condiciones ambientales están determinadas por el uso y la extracción de recursos que son predominantemente utilizados en otros lugares, así como por la acumulación de desechos que resultan de estos procesos extractivos. El término zona de sacrificio es utilizado para poner en contexto situaciones de vulnerabilidad ambiental y explicarlas como relaciones sociales desiguales, acumulación de desechos y sistemas económicos extractivos.

Tanto la actividad agrícola de antaño, como la industria maquiladora actual, han permitido la acumulación de ganancia y capital en los grandes centros urbanos y financieros. Los productos elaborados en esta frontera se inscriben en flujos de mercancía y capital globales, sin una atención clara a las consecuencias sociales y ambientales que tienen en su lugar de producción. Desde esta lógica, la contaminación ambiental, la urbanización de áreas cercanas al río que solían fungir como zonas de recarga de acuíferos, así como la destrucción de los humedales del Río Bravo, son resultado de una práctica que privilegia una economía extractivista que genera valor para unos, pero lastima a otros.

Alt text:Aves volando sobre el Río Bravo contaminado. Birds flying over the polluted Rio Grande River.

Figura 2. Monjitas americanas volando sobre el Río Bravo, contaminado por descargas de drenaje y el muro fronterizo en Juárez-El Paso. Fuente: fotografía de Roberto Méndez.



Nota metodológica: relatos, fotografías y huellas

En términos metodológicos, este trabajo pretende aportar al estudio de las fronteras concebidas como espacios construidos y transformados por entidades humanas y no humanas. De forma amplia, se trata de pensar los espacios urbanos como escenarios donde suceden encuentros entre diferentes formas de vida. Los estudios en esta línea de pensamiento contribuyen a superar la idea de los animales no humanos como objetos, al considerarlos participantes en la construcción de las ciudades y el mundo (Dicenta y Correa 2021; Barua 2024). Como entidades vivas, las aves no sólo colaboran en intercambios de materia e información, como suele ser planteado por las ecologías convencionales que describiré más adelante, sino que también se involucran con las personas, afectando de manera recíproca sus acciones y comportamientos.

Hasta ahora, los estudios que dan cuenta de las aves en esta región se han centrado en listados e inventarios sobre su presencia, identificándolas como entidades biológicas discretas (Moreno-Contreras, Botello, y Gómez de Silva 2015; Petters, Hoyos, Miramontes Cinco, Gatica-Colima, y Martínez-Calderas 2023). En su lugar, en este trabajo propongo un estudio en el que las aves y las personas son co-agentes en la construcción de la frontera y sus prácticas.

Para explorar el significado de las aves en esta región de la frontera como entidades vivas interconectadas con el paisaje, las personas y otras entidades no-humanas, he recurrido a narraciones textuales y visuales con base en entrevistas y conversaciones informales sostenidas desde el 2022 con personas que realizan actividades de cuidado cotidiano de las aves y su entorno en Ciudad Juárez. Mi contacto con ellas se dio por mi participación en la observación de aves que me llevó a conocer personas con los mismos intereses, platicarles de mi investigación y entrevistarlas. En algunos casos, les acompañé en sus actividades y realicé un registro de los dispositivos materiales y recursos que utilizaban y mantuve una comunicación constante vía WhatsApp. En estos encuentros presenciales o virtuales, las personas me hablaron de sus motivaciones, de la forma como se involucraron en la observación de las aves, el modo como realizan sus registros, los dispositivos que utilizan, sus intereses y preocupaciones, así como sus interlocutores humanos y no humanos. Les solicité fotografías para complementar las narraciones que se ofrecen en la siguiente sección. En suma, en lugar de estudiar a las aves de forma aislada, lo hice siempre en relación con las personas, los vínculos y sus conexiones con otras entidades.

En este sentido, el estudio de estas ecologías plurales del cuidado sigue la propuesta de Duran y Sundberg (2022) de experimentar el entorno de nuevas maneras, a través de metodologías adecuadas para pensar y explorar nuestros encuentros con lo no humano. Coincido con Sunberg (2011) y Latour (2004) acerca de la posibilidad de interpretar la acción no humana siguiendo e identificando sus rastros a través del territorio. Debo reconocer que en este estudio he privilegiado la voz de las personas, pero creo que los testimonios orales y visuales fueron construidos considerando las huellas que esas entidades aladas y las personas co-elaboran.

Prácticas de documentación, observación de las aves en la frontera y Ecologías plurales del cuidado

Las aves son una forma de vida presente en cualquier rincón del planeta. Como lo señala Arnal (2002), entre las especies animales, las aves son fáciles de observar y estudiar, en buena medida debido a sus hábitos diurnos, sus cantos y sus características visuales. En la biología aparecen retratadas como un grupo taxonómico de distribución mundial, mientras que en otros campos como la literatura y las artes plásticas, suelen ocupar un lugar privilegiado (Rowlett 1999; Lovette y Fitzpatrick 2016).

Los últimos años se han popularizado los programas de monitoreo de las aves en todo el mundo bajo la denominación de ciencia ciudadana como resultado de la demanda de grupos académicos y centros de investigación que requieren datos acerca de su distribución, abundancia, conservación y hábitat (Bell et al. 2008). Este incremento en el número de programas y voluntarios se ha dado en el marco de lo que algunos han llamado como la globalización de la biodiversidad (Turnhout y Boonman-Berson 2011) para señalar que el estudio de las entidades vivas se realiza de forma abstracta y por medio de su caracterización técnica y cuantitativa para transformarla en datos estandarizados.

Estas prácticas de observación amateur de la naturaleza se remontan al coleccionismo y la producción de conocimientos sobre la naturaleza impulsados por las monarquías desde el siglo XVI. Se relacionan también con el trabajo de naturalistas y exploradores cuyo objetivo era, en el primero de los casos, la contemplación como acto estético y actividad de recreo; mientras que para los segundos se trataba de un proyecto colonialista basado en la realización de inventarios de recursos naturales que hicieran posible la apropiación de nuevos territorios (Constantino 2018; Prior y Schaffner 2011).

El interés actual sobre las aves no puede explicarse solamente desde intenciones y motivos científicos y conservacionistas, pues se trata de una actividad que se realiza también desde el disfrute y la contemplación, la creación artística, así como desde la preocupación ciudadana relacionada con la importancia de otras formas de vida y su desaparición (Eitzel et al. 2017). Sin embargo, el uso, la distribución y la disponibilidad de recursos como binoculares, guías de campo, aplicaciones digitales, así como redes y apoyos institucionales, atienden a un interés que parece estar más vinculado con la realización de clasificaciones y taxonomías rigurosas, así como la construcción de bases de datos para científicos profesionales (Schaffner 2011).

En otras palabras, debido a que el monitoreo desde la ciencia ciudadana está centrado y en cierta medida preocupado por la identificación taxonómica, la conformación de listas de especies y la elaboración de bases de datos, lo que se documenta son las especies pero no su contexto, muchas veces deteriorado y vulnerado, ni sus vínculos y enredos con otras entidades con las que co-habitan y construyen el mundo (Dicenta y Correa 2021; González-Duarte y Méndez-Arreola 2024).

Como sugieren Lawrence y Turnhout (2010), esta construcción de la biodiversidad basada en observaciones de miles de voluntarios alrededor del mundo y que alimenta bases de datos, conlleva riesgos como perder contacto con el hábitat de las especies que se documentan y las personas involucradas en su registro. Las observaciones se descontextualizan, ocultando el conjunto de vínculos y nudos en los que se involucran las especies registradas, así como las conexiones con las personas humanas y otras entidades (Schaffner 2011). Y desde el punto de vista de los estudios feministas de ciencia y tecnología, estas prácticas legitiman el afán clasificatorio y taxonómico, concentrado en establecer límites y categorías discretas que reproducen dualismos cultura/naturaleza, sujeto/objeto, conocimiento situado/conocimiento científico, saber/cuidar, perpetuando acciones de despojo, maltrato y negación de otras formas de vida no humana.

Con base en la noción de actor-red, Prior y Schaffner (2011) señalan que la observación e identificación de aves representa una familia de prácticas culturales que están moldeadas e influidas por múltiples motivos sociohistóricos de largo aliento, mediadas por artefactos como las guías de identificación de aves, binoculares, cámaras fotográficas, listados de observación de aves y lenguaje taxonómico, los cuales son usados e incorporados por formas particulares en situaciones específicas. Acerca de la situacionalidad de las actividades de observación de aves, Vallejo-Novoa (2023) muestra que varios de los grupos de pajareros en México aparecieron y fueron impulsados por instituciones gubernamentales y organizaciones civiles que promueven iniciativas de ciencia ciudadana top-down, sin embargo, los grupos también responden a intenciones y situaciones contextuales particulares alrededor de problemáticas e intereses que las personas participantes buscan atender y resolver.

Para reconocer la naturaleza situada de las actividades de observación y registro de aves, así como su vínculo con procesos históricos y globales de producción de conocimiento ambiental, retomo la noción de práctica social (Schatzki 2002). Al hablar de prácticas quiero centrar mi atención en la forma como se realizan a partir de la articulación de distintas ideas y significados que las personas le atribuyen a la actividad, así como distintos dispositivos materiales que fungen como mediadores y portadores de significado en situaciones contextuales específicas. En lugar de enfocarme en la idea más popular de la ciencia ciudadana alineada a la ecología convencional que pone atención en los datos y en las especies, pero no en las intenciones, las agencias compartidas y los significados atribuidos por las personas, el núcleo de mi análisis está en los eventos de observación y el contexto de los propios observadores, así como los dispositivos materiales y el marco más amplio en el que se enmarca cualquier actividad social, entendiendo lo social como constituido también por entidades más que humanas (Latour 2008; Tsing 2015).

Si bien pensar la observación de aves como una práctica social contribuye a complejizar nuestro entendimiento al poner atención en los vínculos y las relaciones que sostienen y construyen esta práctica, es una mirada que aun considera a las aves como meros objetos de monitoreo. Mirar desde estos relacionamientos de la ecología convencional no ha sido suficiente para lograr vivir en este mundo lastimado y en ruinas (Tsing 2015), pues se trata de ejercicios que homogenizan y estandarizan prácticas de conocimiento al deslocalizarlas y descorporeizarlas, descalificando la participación y el involucramiento más subjetivo, activo y preocupado (Haraway 2016; Braidotti 2022).

Más que una ecología convencional que se basa en un entendimiento de las especies como entidades discretas y contenida en un lenguaje taxonómico que homogeniza a los individuos de las poblaciones, requerimos ecologías plurales del cuidado que reconozcan la necesidad de un conocimiento relacional, que no distingan entre especies silvestres y urbanas o entre espacios humanos y no humanos. Necesitamos relatos científicos que se confundan con narrativas situadas, y narrativas auténticas que se enreden con relatos científicos que nos adviertan sobre violencias ejercidas contra otras formas de vida y la vulnerabilidad de quienes vivimos en sitios lastimados.

Más que habitantes pasivos, las aves están presentes en este paisaje y se enredan en diferentes relaciones con las personas. En estos enredos, aves y personas se afectan mutuamente y participan en la creación de la ciudad y sus fronteras (Sundberg 2011). Las codornices, los tecolotes, las monjitas,2 así como patos y gansos que presentaré en este texto, afectan a las personas llamando su atención y provocando acciones diversas relacionadas con su cuidado y la protección de su entorno. A su vez, las aves reaccionan adecuando sus hábitos de vida a estos espacios transformados (véase figura 1 y figura 7). Estas perspectivas relacionales ilustran el conjunto de vínculos, prácticas y trayectorias que han dado lugar a su dispersión o desaparición (Van Dooren 2014). También se han mostrado como entidades que han incidido en ecologías y economías urbanas a través de sus enredos con las personas (Searle, Turnbull, y Adams 2023; Haraway 2016). Despret (2022) nos anima a pensar cómo la diversidad de aves y sus comportamientos nos puede ayudar a considerar otras formas de hacer territorio y de habitar.

Al analizar las actividades de observación y documentación que realizamos habitantes de Ciudad Juárez, argumentaré que se realizan en el marco de preocupaciones y acciones por una ciudad que ha desplazado e invisibilizado a sus habitantes alados. Siguiendo a Haraway, son actividades de conocimiento situado (1988) en la medida que tienen lugar en un contexto relacional, y son específicas a estos vínculos y ensambles. Son actividades que se inscriben en preocupaciones acerca de las aves y su territorio, a la par de inquietudes por el futuro mismo de las personas, el río, la ciudad y la frontera.

En lugar de una actividad de ciencia ciudadana y ecología convencional, es una práctica relacional de pensar y saber que requiere de cuidado (Puig de la Bellacasa 2012), en la medida que las personas participantes reconocen su interdependencia con las aves y la vulnerabilidad compartida. En este sentido, propongo que son prácticas inscritas en ecologías plurales del cuidado, pues son diversas y visibilizan formas de cooperación y abren las posibilidades de hacer cosas junto a otras entidades humanas y no humanas. En lugar de un enfoque instrumental orientado a la cantidad de observaciones sobre las aves, elaborar listas de especies encontradas o simplemente poner una marca en la guía de aves por cada especie observada (Schaffner 2011), las ecologías plurales del cuidado apuntan a descubrir maneras de co-habitar con otras personas y formas de vida (Puig de la Bellacasa 2012).

Para mostrar estas prácticas plurales de documentación y cuidado, presentaré varias narrativas construidas a partir de un cuidadoso trabajo de acompañamiento y entrevistas a varias personas que viven en Ciudad Juárez. A través de estas narrativas me interesa posicionar y reconocer el trabajo que realizan quienes han puesto atención en las de aves de la ciudad, así como experimentar con otras formas de escritura que puedan dar cuenta de las aves no sólo a través de inventarios o censos, sino de las relaciones que estas construyen con otros seres, en este caso, las personas.

Gabriela |Codornices norteñas| Palomas

Las codornices norteñas son unas pequeñas aves de plumaje gris, café y ocre. Se caracterizan por una pluma negra en la frente curvada hacia adelante. Su presencia es más abundante hacia el desierto de Sonora, pero en esta parte del norte de Chihuahua es posible encontrar algunas poblaciones importantes. En Ciudad Juárez se observan en zonas cercanas a campos de cultivo desplazándose en grupos o bandadas, emitiendo siempre un característico cacareo. En la zona donde Gabriela3 vive, una mujer de alrededor de 40 años, existe una tensión constante por el uso de suelo entre los intereses de empresas de construcción de fraccionamientos y vecinos que reclaman espacio para áreas verdes e infraestructura escolar y de recreación. En este contexto, las codornices se han vuelto una especie de bandera o símbolo del reclamo de habitantes humanos (véase figura 3).

Alt text: Codornices caminando sobre un muro de concreto frente a un campo de algodón. Quail walking on concrete wall in front of cotton field.

Figura 3.Codornices norteñas caminando sobre una barda que delimita el patio de una casa, frente a campo de algodón. Fuente: fotografía de David A.



Gabriela ha participado junto con un grupo de ciudadanos que gestiona la construcción de un parque público en un terreno donde las codornices habitan; se trata de un área que era usada para cultivar sorgo y algodón, hasta que quedó rodeado de avenidas y zonas habitacionales, por lo que actualmente acumula restos de vegetación seca y escombros de construcción como pedazos de ladrillos y varillas retorcidas que dan lugar a recovecos que las codornices aprovechan para hacer sus guaridas y construir sus nidos.

Conocí a Gabriela cuando me invitó a visitar este terreno y platicarme acerca de las gestiones que realizó el grupo para que este terreno pudiera ser etiquetado como área pública por las autoridades locales después de que actores privados mostraron interés en construir un centro comercial, lo que acabaría de inmediato con el hábitat de las aves. El empeño de Gabriela y otros vecinos del sector, a través de la realización de gestiones gubernamentales, permitió que el municipio etiquetara este terreno como área pública. Para este fin, Gabriela y sus vecinos presentaron a las autoridades un plan para desarrollar el parque que incorporaba el trabajo de profesionistas y estudiantes de desarrollo urbano de la universidad pública local, quienes consideraron áreas para la alimentación y anidación de las codornices. El grupo decidió bautizar el incipiente parque como ”Rochorí“, que significa codorniz en rarámuri y fue una manera de reconocer el hábitat de estas aves, pues como señaló Gabriela: ”el derecho a la ciudad no sólo es de las personas, sino también de las aves que ocupaban estos espacios antes de nuestra llegada“.

La primera ocasión que acompañé a Gabriela al terreno donde construyeron el parque, me mostró unos planos y una carpeta que no parecía tener relación con el monitoreo de las aves, pues contenía documentos como actas de reuniones, mapas y acuerdos vecinales. Estos documentos eran evidencia material del tipo de mediaciones alrededor de la práctica de observación de aves de Gabriela y el grupo de vecinos: en lugar de artefactos como guías de aves o binoculares que suelen mediar las prácticas más científicas, los mapas y actas describían el terreno y mostraban el proceso de gestión del parque ”Rochorí" ante autoridades y otros vecinos.

Cuando visitaba con Gabriela el terreno, cada ave que ella veía la identificaba como codorniz o rochorí, aunque podrían ser de otras especies más comunes como las palomas. Lo que para mi mirada de biólogo podría parecer un error taxonómico, para Gabriela y sus vecinos, las aves —paloma o codorniz —representaban la posibilidad de argumentar la importancia cuidar el espacio y avanzar en su lucha por un terreno de uso público frente a los intereses privados de las empresas inmobiliarias del sector.

Tecolotes llaneros | David | Lechuzas

Los tecolotes llaneros o del desierto suelen habitar en las llanuras y pastizales abiertos. Comparten su espacio vital con roedores como ardillas y perritos de la pradera quienes excavan madrigueras subterráneas que los tecolotes utilizan cuando los mamíferos las abandonan. Se trata de una especie que vive en el suelo, pero que depende de otros para construir sus madrigueras ya que no tiene la capacidad de escavar. En las ciudades, se ha documentado que suelen prosperar debido a la falta de depredadores y la disposición de alimento debido a su dieta diversa (Rebolo-Ifrán, Tella, y Carrete 2017).

Alt text: Tecolote adulto saliendo de su madrigera entre la arcilla y escombro. Burrowing owl emerging from its hole among the clay and ruins.

Figura 4. Tecolote llanero saliendo de su madriguera entre el escombro y la basura. Fuente: fotografía de Mónica Martínez.



En esta ciudad fronteriza es frecuente encontrar familias o parejas de estas aves habitando pequeñas cavidades que quedan entre el escombro y la basura, o bien en oquedades que son comunes en el suelo arcilloso de la ciudad (véase figura 4). El llamado de estas aves es bastante característico, y su presencia no pasa desapercibida, sobre todo considerando que muchas personas las nombran lechuzas a la vez que les atribuyen distintos peligros nocturnos. Ya sea lechuzas o tecolotes son objeto de supersticiones y miedos. Es probable que, por esta razón, se trate de aves que habitualmente son reportadas por vecinos a través de grupos vecinales de WhatsApp que reaccionan con curiosidad y sorpresa por la presencia cerca de sus casas.

Durante 2022 conocí a David de 53 años, un vecino que, además de estar al pendiente del crecimiento de los árboles de un parque vecinal, solía identificar a las parejas de tecolotes en temporadas de anidación y hacerles refugios bajo la tierra al remover escombro o excavar directamente en la arcilla. En un entorno como Ciudad Juárez, los tecolotes usaban las madrigueras de ardillas y ratones, que abundaban debido a la disponibilidad del alimento proporcionado por un entorno con presencia de actividades agrícolas. El desplazamiento de la agricultura generó que estos mamíferos fueran eliminados del paisaje y los tecolotes quedaran sin su socio excavador. En este contexto, David se dio a la tarea de aprender a construir estas madrigueras y proveerles hábitat para las temporadas de anidación. La tarde que lo conocí se ocupaba de llevar agua desde una acequia cercana a varios árboles que él había sembrado en banquetas y parques, lo que ilustra cómo su interés en los tecolotes se entrelazaba con su preocupación por otras entidades vivas.

Durante el verano del 2023 se reportó la presencia de una pareja de tecolotes llaneros entre los escombros dejados por las obras de construcción del Centro de Inteligencia Artificial, un moderno espacio de investigación y transferencia de tecnología al servicio de la industria de la ciudad, ubicado a menos de tres kilómetros del cauce del Río Bravo. Personal del lugar estuvo al tanto de esta pareja de aves hasta que las crías abandonaron la madriguera formada entre la arcilla del lugar y los escombros (Serna 2023), mostrando los vínculos entre personas, tecolotes y el terreno arcilloso.

Monjitas Americanas |

Janette, de 40 años, es artista y activista en Juárez, aunque prefiere que la identifique como artesana. Su primer acercamiento a las aves sucedió tras notar la presencia de monjitas americanas donde varias tuberías descargaban aguas negras en el Río Bravo. Durante el 2021 y 2023, fallas en el sistema de drenaje de Ciudad Juárez y El Paso provocaron que aguas negras llegaran al cauce del río, generando focos de infección y cambios en la ecología acuática. Durante su primer encuentro con las monjitas en las orillas del río, notó cómo la elegancia que caracteriza a estas aves contrastaba con el paisaje deteriorado y se cuestionó por qué ellas no podían tener acceso a un espacio y agua limpia.

Las monjitas americanas que ella observó en esa ocasión son visitantes frecuentes de las aguas del Río Bravo y corresponden a poblaciones establecidas en varios puntos a lo largo del torrente. Se trata de aves que parecen adaptarse a hábitats artificiales como diques y alcantarillas, donde en ocasiones la única agua disponible es la que surge del drenaje (véase figura 5).

El interés de Janette por las aves la llevó a buscar grupos académicos en los que no encontró eco a sus preocupaciones por la destrucción del hábitat, lo que la orilló a concentrarse más en sus procesos de creación artística. Su práctica se enfocó en realizar un dispositivo electrónico de código abierto para monitorear la presencia de las monjitas en el río. Durante 2021 instaló este aparato sobre una base de textiles reciclados encontrados como basura en el río, que le permitió grabar sonidos del afluente y transmitirlos a través de internet (https://www.janetteterrazas.com/riobravo) con la intención de visibilizar, por un lado, la presencia de las aves, y por otro, la descarga de aguas negras en el cauce del Río Bravo. Además, fue un modo de conmemorar el trabajo de Berta Cáceres, activista defensora de los ríos (véase figura 6).

Alt text: Aves entre las aguas negras. Birds among the wastewater.

Figura 5. Monjitas americanas en una descarga de drenaje sobre una calle. Al fondo, el muro fronterizo de metal. Fuente: fotografía de Roberto Méndez.



A través de su instalación, Janette discute el acceso desigual a las aguas del Río Bravo debido a la presencia de embalses estadounidenses que permiten a ese país almacenar y controlar la liberación de agua en la parte alta de la cuenca. Además de práctica artística, ella también se involucró algún tiempo en el activismo mediante un colectivo por la defensa del Río Bravo y la organización de actividades de observación de aves o pajareadas abiertas a la comunidad. Ella describe sus prácticas de observación como una provocación de las aves: ”como te dije, yo llegué al río sin el propósito de ver a las aves; creo que estas me buscaron con el propósito de transmitirme algo“.

La práctica de observación de aves que ella me relató y comenzó con el registro de las monjitas y sus hábitats, se ha extendido a actividades de observación de plantas y animales del río en ambos lados de la frontera, así como la recolección de muestras de agua para someterlas a reacción con el pigmento de grana cochinilla —un insecto del que se obtiene un colorante rojo intenso— con la finalidad de conocer el nivel de acidez del agua y obtener un catálogo de colores del río a partir de sus características fisicoquímicas, una especie de práctica científica amalgamada con la creación artística.

Dispositivo Arduino en el margen del Río Bravo. Arduino device on the banks at the Rio Grand.A group of solar panels on a wall.

Figura 6. Dispositivo marca Arduino justo en el sitio donde el Río Bravo entra a México por Ciudad Juárez. Fuente: fotografía tomada del sitio https://www.janetteterrazas.com/riobravo con autorización de su autora Janette Terrazas.



Aves acuáticas sobre el Río Bravo, frente al muro fronterizo y una serpentina de alambre. Waterfowl on the Rio Grande, in front of the border fence and a wire streamer.

Figura 7. Monjitas (derecha inferior) en el Río Bravo frente al muro y la serpentina de alambre de púas instalada por la patrulla fronteriza. Fuente: fotografía de Janette Terrazas.



Gansos | Isaac | Patos

Conocí a Isaac, de 26 años, a través de un grupo ciudadano al cuidado de la Sierra de Juárez, un sistema montañoso que alimenta el acuífero Conejos-Medanos, proveedor de agua a la ciudad. Isaac es estudiante de biología y su práctica intersecta su curiosidad académica con sus habilidades artísticas. En una ocasión tuve oportunidad de entrevistarlo cuando realizaba el monitoreo de aves en uno de los parques más grandes de la ciudad, convertido en un sitio importante para el refugio, la alimentación, el descanso y la reproducción de aves locales y migratorias debido a la presencia de varios lagos artificiales.

Isaac es conocido por varias personas en la ciudad como experto en las aves de la región, aunque él siempre hace el señalamiento que su interés se centra en las aves acuáticas. Su relato de Ciudad Juárez como una urbe en medio del desierto chihuahuense interesante para observar aves, contrastó con los discursos habituales que describen a la ciudad como vacía y carente de vida. De acuerdo con él, la ubicación de la ciudad entre dos sistemas montañosos como la Sierra Madre Oriental y Occidental permite la presencia de aves locales y migratorias.

Como estudiante de biología y participante activo en diferentes grupos de observadores de aves, Isaac me mostró las diferentes herramientas para realizar sus monitoreos, entre ellas una cámara fotográfica de lentes intercambiables, binoculares y guías de aves impresas y digitales que funcionan en su celular. Corroboré este acercamiento técnico y científico cuando me señaló que es usuario habitual de dos herramientas en línea que se han popularizado entre quienes hacen y promueven la ciencia ciudadana: eBird y Naturalista. La primera se describe como un sitio web y una base de datos biológica desarrollados por el Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell, que compila observaciones sobre aves proporcionadas por científicos y naturalistas aficionados en todo el mundo. Por su parte, Naturalista es una plataforma de ciencia ciudadana desarrollada inicialmente en la Universidad de California y que funciona como una página web o como aplicación para dispositivos móviles donde se puede hacer un registro de observaciones de la naturaleza a través de la captura de sitios de observación y fotografías, así como otras funcionalidades que permiten generar listas de observaciones, mapas y guías de campo. El trabajo de observación y monitoreo de aves de Isaac se ve reflejado en ambas plataformas, donde suma observaciones y registros de prácticamente todo el estado de Chihuahua.

Durante los últimos años he tenido la oportunidad de trabajar junto con observadores de aves en varios proyectos educativos en diferentes lugares del país. Siempre me ha parecido interesante cómo su rigor científico para identificar a las aves y el dominio de habilidades como el uso de sus guías de campo y cámaras fotográficas, coexiste con un acercamiento más subjetivo hacia las aves. Mientras la identificación taxonómica rigurosa tiene el efecto de borrar los rasgos individuales, al privilegiar a la población y a sus características homogéneas, estos observadores siempre encuentran la manera de hablarme de las aves como seres individuales y subjetivos (Urbanik 2012). Isaac no ha sido la excepción. Además de ser un observador de aves especializado, a juzgar por el tipo de recursos que usa y con quienes interactúa para hacerlo, mantiene una relación con las aves muy personal y cuidadosa. Durante una jornada de observación y monitoreo me habló de los gansos migratorios que año con año suelen visitar el parque, reconociéndolos por sus rasgos individuales y sus hábitos específicos, así como preocuparse por su salud y la de sus crías ante la inminente llegada de una primavera bastante calurosa en la ciudad (véase figura 8).

Durante nuestras conversaciones, la presencia de estas aves en un entorno urbano eran motivo de constantes cuestionamientos y preocupaciones de parte de Isaac, quien me compartió que la desaparición de cuerpos de agua como los ríos y humedales de la ciudad provoca que las aves se vean obligadas a ocupar los lagos artificiales del parque donde él realiza su monitoreo: “creo que estas aves han aprendido a realizar sus viajes migratorios ocupando los parques urbanos, pues se trata de ambientes donde pueden asegurar su alimento y refugio ante la desaparición de muchos ríos y lagos en México y Estados Unidos”.

Ganso blanco volando sobre un lago artificial en Ciudad Juárez. White goose flying over an artificial lake in Ciudad Juarez.

Figura 8. Ganso blanco volando sobre el lago del parque donde Isaac hace su monitoreo de aves. Fuente: fotografía de Isaac Miramontes.



Comentarios finales

En muchos lugares del mundo, organizaciones de base tecnocientífica han animado a los ciudadanos a involucrarse en la observación de aves a través de actividades de ciencia ciudadana donde el discurso visual y escrito está centrado en la identificación biológica de estos vertebrados, considerados como un objeto de investigación, conservación o erradicación. Se trata de un discurso que suele presentar a las aves como entidades biológicas descontextualizadas que deben ser identificadas como especie y manejadas como un recurso natural (Schaffner 2011).

Varios autores han dado cuenta acerca de cómo la presencia de las aves en las ciudades representa un recurso para pensar nuestra realidad más que humana. Oliver (2022) señaló cómo el encuentro cotidiano con garzas en los canales urbanos de la ciudad de Birmingham ofrece posibilidades para pensar y materializar nuevas formas de cohabitar espacios urbanos. Por su parte, Haraway (2016) consigna varios relatos de proyectos y actividades entre las palomas y las personas como ejemplos de colaboración. Animado por estas maneras de contar los encuentros con otros seres vivos, presenté las prácticas de observación y documentación de aves de algunas personas en Ciudad Juárez, México, quienes aceptaron relatarme sus intereses, motivaciones y formas de relacionarse con las aves, además de compartirme sus fotografías.

Desde una perspectiva multiespecie, este texto reconoce el rol de entidades no humanas en nuestra vida cotidiana y en la construcción de las ciudades y las fronteras (Margulies 2023; Sundberg 2011). Como señala Gan (2021), dicho enfoque resalta la importancia de la relación entre humanos y no humanos en nuestra historia e identidad, pero también en la construcción de un mundo más habitable (Haraway 2016).

Las narrativas presentadas muestran prácticas de observación y monitoreo de cuatro participantes preocupados por la degradación del hábitat de las aves y las personas. Por ello, he denominado sus prácticas como ecologías plurales del cuidado para resaltar su engarce con lógicas de atención y la ciencia ciudadana desde los estudios feministas de ciencia, tecnología y sociedad (Braidotti 2022; Haraway 1988, 2016). De este modo, es perceptible un diálogo con quienes plantean la naturaleza relacional de la ciencia ciudadana (Moon et al. 2024).

Conforme avanzaba en la construcción del problema de investigación y me enfrentaba a las entrevistas, noté la importancia de reflexionar sobre la importancia metodológica de las fotografías que aparecen a lo largo del texto y sobre los dispositivos que median la práctica de cada participante (Schatzki 1996; Latour 2008). En primer lugar, las fotografías me permitieron hablar con cada participante acerca de sus inquietudes y preocupaciones acerca del hábitat de las aves y los procesos socioambientales que experimentamos en la frontera. De alguna manera, cada fotografía era un registro no sólo de la presencia de las aves sino también de los vínculos entre aves y personas, así como una herramienta poderosa para el diálogo. Y cuando esas imágenes circularon en redes sociales, como parte del activismo de Janette, o el uso de plataformas de ciencia ciudadana para el caso de Isaac, se convertían en huellas y rastros (Sundberg 2011) co-producidos por las aves y las personas, disponibles para una audiencia mayor.

Por otro lado, Los dispositivos que cada una de las personas utilizaba para mediar su práctica de observación y monitoreo eran muy diferentes. Junto con las guías de aves, binoculares y aplicaciones para celular utilizadas por Isaac y habitualmente reportadas en la literatura (Schaffner 2011), pude registrar la presencia de oficios, maquetas y documentos para la realización de trámites vecinales y gubernamentales como los que mostró Gabriela, así como los dispositivos electrónicos de Janette para grabar los sonidos de las aves y socializarlos a través de internet. Desde una perspectiva relacional y de práctica social, estas ecologías plurales del cuidado se caracterizan también por articular personas, aves y tecnologías diversas que apuntan a diferentes formas de habitar y construir la ciudad.

Finalmente, las prácticas Las prácticas que se presentan en este documento son diversas, algunas muy cercanas a la ciencia ciudadana más convencional como las de Isaac; las de David tienen el propósito concreto de habilitar madrigueras a sus vecinos alados, interviniendo directamente en el suelo y la arcilla; las de Gabriela pasan por el reclamo ciudadano de espacios públicos; mientras que las de Janette tienen una connotación artística y de denuncia. Para Isaac, la fotografía científica y el uso de guías de campo son muy importantes para identificar correctamente a las aves y alimentar las bases de datos de observaciones mundiales; por su parte, Gabriela parecía mostrarse menos afanada por hacer una identificación correcta de las codornices que a veces confundía con palomas u otras aves comunes en la ciudad, pues su centro de interés, al igual que el de Janette, era el reclamo por un ambiente más habitable para las personas y las propias aves.

Durante mi investigación, mis propias prácticas de observación de aves fueron afectadas: de iniciar en solitario pasé a compartir mis ideas y preocupaciones con otras personas habitantes de la frontera, experimentando la posibilidad de superar ese modo de pensar en aislamiento, tan habitual de la investigación científica. De esta manera, en lugar de describir y presentar a las aves de la frontera como entidades apartadas y en un ambiente inocuo, las diferentes prácticas de documentación que se presentaron en este artículo permiten verlas en sus relaciones con las personas, las tecnologías, la ciudad y la frontera. Los textos y las fotografías muestran a las aves en sus hábitats urbanos, dando cuenta de sus vínculos con otras entidades como la basura urbana, los campos abandonados de algodón, el río deteriorado y el muro fronterizo. Es decir, no sólo se trata de mostrar la presencia de vida no humana, sino también de denunciar que las ciudades se han construido sobre la explotación y el deterioro de los ambientes y los recursos que sostienen la vida (Thrift 2021).

Las aves que viven en esta región parecen desafiar las condiciones de precariedad de esta ciudad y nos permiten encontrar formas de co-habitar un territorio ribereño transformado por la agricultura extractiva y la industria maquiladora, mostrándonos que aún pueden ser habitables por distintas formas de vida (véase figura 9). De alguna manera, las prácticas de monitoreo aquí reseñadas atienden al florecimiento de lo que ha sido denominado como “las artes de la atención” (Van Dooren, Kirksey, y Münster 2016) para señalar la necesidad de aprender a poner atención en las distintas formas de vida que participan en la construcción de nuestro mundo, las ciudades y las fronteras.

Alt text: Familia de tecolotes entre basura y escombro en Ciudad Juárez. Burrowing owl family among garbage and clay.Two owls standing on a dirt mound.

Figura 9. Tecolotes entre escombros de construcción y arcilla. Fuente: fotografía de Roberto Méndez.



Las prácticas de Gabriela, David, Janette e Isaac, ilustran cómo han sido afectados por las aves que observan, y cómo los encuentros con estas detonaron distintas acciones que van más allá de la contemplación y el registro. Sus prácticas de denuncia, de creación artística, de disputa y gestión por espacios públicos, así como la acción directa de cavar en el suelo para los tecolotes, construyen una narrativa alterna de la frontera norte que desafía la noción de excepcionalismo humano al ayudarnos a imaginar espacios habitables y ensamblajes multiespecie (Sundberg 2011), así como visibilizan prácticas de cuidado y coexistencia entre las personas y distintas formas de vida que son sumamente necesarias hoy en día que la violencia se exacerba en ambos lados de la frontera.

Agradecimientos

A las personas participantes en este estudio y a las aves de la frontera. Los primeros borradores de este trabajo recibieron retroalimentación muy valiosa de Hugo Reinert en el Urban Ecologies Research Group de la Universidad de Cambridge en 2022. Durante 2023, La Semilla Food Center de New Mexico me otorgó la Chihuahuan Desert Cultural Fellowship, que me permitió avanzar en algunas entrevistas y tener tiempo y espacio para compartir mis textos y seguir observando aves. Agradezco a los revisores de este texto, a todas las personas que hicieron comentarios y lecturas cuidadosas, incluyendo los revisores anónimos y lxs editores, así como Iván Sandoval-Cervantes (UNLV), Columba-González Duarte (New School) y Mónica Islas (ENAH) por sus ideas para seguir escribiendo.

Notas

1 Es necesario reconocer que mucha de la actividad agrícola que caracterizó a Ciudad Juárez se realizó bajo sistemas extractivistas y de monocultivo que degradan el suelo, erosionan la biodiversidad y demandan cantidades significativas de agua. Sin embargo, se trataba de un paisaje más heterogéneo y biodiverso que el actual.

2 Estos nombres comunes corresponden a las siguientes especies y nombres en inglés, siguiendo el mismo orden en el que aparecen en el título: Athene cunicularia / burrowing owl; Himantopus mexicanus / black-necked stilt; Callipepla gambelli / Gambel’s quail.

3 En la mayoría de los casos, utilicé los nombres reales de las personas que me compartieron su información después de conversar en diversas ocasiones conellas, revisar juntos este texto y obtener su autorización explícita de aparecer consu identidad como un reconocimiento a su trabajo y tiempo.

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Biografía del autor

Roberto Méndez-Arreola es investigador y educador. Su práctica se ubica en el cruce de los estudios sobre escritura, prácticas discursivas en la enseñanza de las ciencias, el aprendizaje ambiental y la producción de conocimiento ambiental situado. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadres.


Roberto Méndez-Arreola is an educator and researcher whose practice intersects writing studies, discursive practices in science education, environmental learning, and situated ecological knowledge.