Relaciones y poéticas fronterizas en el Archivo Familiar del Río Colorado
Universidad Autónoma de Baja California
Universidad Autónoma de Baja California
Resumen
Este texto y serie de imágenes describirán al Archivo Familiar del Río Colorado1, un proyecto de investigación artística y curadurías colectivas que procura hacer sentido de las relaciones que sostenemos con el agua en la región Delta del Río Colorado. No nos enfocaremos en hacer aportaciones conceptuales para el campo académico, pero sí trataremos de presentar a este archivo vivo como una forma y tecnología autogestiva mediante la cual hemos comenzado a producir conocimiento situado en bucles de praxis, aprendiendo de las relaciones geológicas y más que humanas en las que existimos. Narraremos algunos de los programas públicos que hemos organizado y presentaremos una lectura del espacio geográfico que habitamos, haciendo énfasis en cómo entendemos que la asimetría de la frontera geopolítica México-Estados Unidos se incorpora en nuestra experiencia y memoria del espacio, el río y el agua. También iremos planteando una serie de preguntas que nos puedan ayudar a orientar la producción del Archivo Familiar del Río Colorado, ubicando cuáles son los límites y los potenciales de este archivo como forma, tanto para resistir a las pérdidas ecosistémicas que sufrimos en esta parte de la cuenca como para imaginar su futuro.
Abstract
This text and series of images will describe the Colorado River Family Archive, an artistic research and collective curatorial project that seeks to make sense of the relationships we have with water in the Colorado River Delta region. We will not focus on making conceptual contributions to the academic field, but we will try to present this living archive as a self-managing form and technology through which we have begun to produce knowledge situated in loops of praxis, learning from the geological and more-than-human relationships in which we exist. We will narrate some of the public programs we have organized and present a reading of the geographic space we inhabit, emphasizing how we understand that the characteristic asymmetry of the Mexico-United States geopolitical border is incorporated into our experience and memory of space, the river, and water. We will also raise a series of questions that can help us guide the production of the Colorado River Family Archive, identifying the limits and potential of this archive as a form, both to resist the ecosystem losses we suffer in this part of the basin and to imagine its future.
Palabras clave/Keywords
Delta del Río Colorado, Colorado River Delta, investigación artística, artistic research, frontera México-Estados Unidos, US-Mexico border
Un archivo de las relaciones familiares que se producen en el Delta del Río Colorado
El Archivo Familiar del Río Colorado (AFRC)1 es un proyecto colaborativo que
surgió sobre el Delta del Río Colorado durante el año 2021,2 un poco antes de que
el Bureau of Reclamation de los Estados Unidos declarara escasez hídrica en la
cuenca del Río Colorado por primera vez en su historia. Después de casi dos siglos
de despojo territorial y desarrollo urbano en el oeste del continente
norteamericano, a la par del aumento del control y militarización en la frontera
México-Estados Unidos, mientras vivimos transformaciones ecológicas aceleradas
en Mexicali, Baja California y el Valle Imperial de California, que conforman la
mayor parte del Delta, un grupo de artistas, gestoras, curadoras, profesoras e
investigadoras hemos estado reuniéndonos para organizar espacios y plataformas
que nos permitan discutir estos fenómenos.

Figura 1. El Delta del Río Colorado. 2024. Esta imagen muestra un mapa de 1937 del explorador, científico y autor Godfrey Sykes, sobre una fotografía satelital tomada de Google Earth este año. En la foto se alcanzan a observar las ciudades de Mexicali, Baja California, Calexico y El Centro, California. Las ciudades están rodeadas de parcelas agrícolas, ubicadas justamente dentro del contorno inundable del Delta que ilustra el mapa de Sykes. Las parcelas a su vez están rodeadas por sistemas de dunas al Este, algunas franjas de acumulación de sal al Sur y cadenas montañosas en el Oeste y Noreste. En el mapa de Skyes también se leen algunos de los ríos y cuerpos de agua que todavía existían en la primera mitad del siglo pasado. Fuente: Imagen propia editada por Jessica Sevilla para el Archivo Familiar del Río Colorado con mapa de Godfrey Sykes e imagen satelital tomada de Google Earth Pro.
En 2024, la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS) y la Comisión
Internacional de Estratigrafía (ICS) negaron la existencia de una nueva escala
geológica donde el entramado entre humanos y sistema económico sea
suficientemente significativo como para justificar el reconocimiento de una nueva
era. Es decir, para la geología, el Antropoceno, el Capitaloceno y toda la
genealogía de los otros -cenos,3 no da cuenta de un tiempo geológico singular.
Pero sí estamos ante una crisis de los sistemas biofísicos planetarios. Los -cenos
son términos culturales que nos permiten investigar las relaciones de poder en el ensamblaje económico planetario, sostenidas por la cooptación y extracción de
territorios, ecosistemas, mano de obra, formas de vida, relatos.
Estas relaciones forman parte del sistema abierto en el que vivimos y sí dejan
residuos en el sustrato del mundo. No podríamos explicar, por ejemplo, las vastas
extensiones de arena agrietada y costras de sal en los suelos de Mexicali y el Valle
Imperial, sin referirnos al agotamiento de ecosistemas riparios y cuerpos de agua
que conformaban al Delta, o a su promotor: el desarrollo urbano alrededor del Río
Colorado, para el que se trata de racionalizar como valor de cambio a los flujos
erráticos4 que conforman los deshielos de las Rocallosas.
En el AFRC nos organizamos para conversar sobre nuestra relación con un río que
prácticamente ya no existe en el valle donde vivimos, que solía inundarse
intermitentemente con esos deshielos. Partimos de imaginar a este archivo como
un álbum multi-familiar o un repositorio que narrase relaciones afectivas con el río,
pero ahora lo entendemos más como una tecnología para comprender y especular
sobre las escalas temporales entretejidas de nuestras relaciones con lo más que
humano; como los flujos de humedad y capital en esta cuenca. Sobre todo, vamos
entendiendo cómo esta tecnología es un instrumento indisciplinado que, al
discriminar y seleccionar ciertos documentos, va narrando sus propias historias con
la mezcla de intereses y herramientas que tenemos a la mano sus participantes.5
Nuestro trabajo se ha ido consolidando a partir de lecturas, caminatas y diálogos
de germinación lenta. Mayté, Minoru, Rosela y Jessica componemos un núcleo de
gestión en Mexicali, aunque coordinamos programas públicos y exposiciones casi
siempre acompañadas de otras pensadoras, artistas y amigas. Enero y Abril, Leslie
García, Farrah Karapetian y María Torres son cuatro colaboradoras cercanas que
trabajan con distintos medios y preguntas de investigación, que se articulan en
intereses comunes por reimaginar las relaciones con lo más que humano, la
geología, la ecología, la tecnología, la infraestructura, el trabajo y el cuerpo,
nuestro mestizaje, el archivo, la mirada colonial, la ficción y la imagen.
Logramos entender este proyecto como plataforma de investigación de largo
aliento después de una serie de diálogos con la artista medial y músico Leslie
García, a quien invitamos a plantear una lectura sobre la contaminación que cruza
la frontera en el efluente Río Nuevo (véase figura 2) del Río Colorado, que corre
desde Mexicali hacia el Salton Sea de California –un lago ubicado en la parte más
baja del valle. En respuesta, ella nos invitó a pensar sobre la complejidad más
amplia del sistema hídrico en la región. Un año antes de esta conversación, a raíz
de un taller de la artista visual Enero y Abril, ya se gestaba el interés tanto de
escudriñar los archivos históricos e institucionales en búsqueda de huecos
narrativos, como por reescribir las historias íntimas y cotidianas de nuestros
archivos familiares dentro o encima de los archivos de la Historia con mayúscula.

Figura 2. El Río Nuevo. 2024. Fuente: Imagen propia editada por Jessica Sevilla para este artículo y el Archivo Familiar del Río Colorado, a partir de imagen encontrada del Río Nuevo en las lluvias de 2014 y mapa de la ciudad del año 1920.
Tras la provocación de Leslie, empezamos un proceso exploratorio colectivo que
no se ha detenido. Entonces, antes de organizar nuestro primer evento, nos
tomamos un año para realizar caminatas hacia remanentes del río, hicimos
búsquedas en archivos digitales e institucionales y entrevistamos agentes de la
localidad que nos pudieran hablar acerca del agua en la region (véase figura 3).

Figura 3. Fotografía del equipo del Archivo Familiar del Río Colorado en diálogo con equipo de geohidrología del Laboratorio de Ciencias de la Tierra del Instituto de Ingeniería de la Universidad de Baja California, en el sitio de restauración Laguna Grande. 2021.
Entre muchas otras preguntas sobre la historia y geografía regional, nos sirvieron de guía las siguientes: ¿por qué las crónicas que registraron el Delta del Río Colorado y la conformación de Mexicali no hablaron de las relaciones afectivas con el río, sino solo de modo tangencial cuando llegaron los antropólogos que estudiaron a la comunidad originaria Cucapá?, ¿por qué varios documentos, crónicas, cartografías y fotografías, entre otros, estaban resguardados fundamentalmente en bibliotecas estadounidenses?, ¿quiénes serían las personas que registraron esta geografía y cuyas voces conforman gran parte de los archivos que narran su Historia?, ¿cómo era su mirada?, ¿cómo es la nuestra?, y ¿en qué se parecen o distinguen esas aproximaciones?
Mirada de exploradoras caminantes que van tejiendo relatos
Para el AFRC, la relación con la frontera es ambivalente. Por un lado, la frontera
geopolítica no es una metáfora. En términos geográficos nos ubicamos en el lado
sur del límite binacional entre México y Estados Unidos, con lo que la asimetría de
poder en la frontera tiene implicaciones para la recepción de agua en el último
fragmento de la cuenca, así como para nuestra experiencia del lugar. Por otro lado, en la práctica y producción de sentido nos acercamos decididamente a lo
fronterizo; a los bordes de lo que conocemos como prácticas educativas,
científicas, narrativas, artísticas, afectivas y espirituales.
Compartimos el cuestionamiento de Rosi Braidotti (2019, 43) sobre la
sobreproducción de códigos y términos de tracción acelerada en el capitalismo
cognitivo de la academia, particularmente de los Estudios Culturales, e
intentamos hacernos un espacio de praxis que sentimos más afiliado a ciertos
frentes “post-disciplinarios”, nomádicos y críticos, que se reconocen como
posthumanismos. Aprendemos desde nuestro contexto específico, perspectivas
parciales y nuestras experiencias acuerpadas y múltiples, tratando de generar lo
que nuestra tía gringa Donna Haraway (1988) llamaría conocimiento situado; un
conocimiento que sea responsable al reconocer su posicionalidad y las relaciones
intra-activas, material-discursivas, co-constitutivas e interdependientes en las que
devenimos (Barad 2008).
Y aunque nos afiliamos a principios de los nuevos materialismos, que dotan de
agencia a la materia y que procuran la disolución de los dualismos dominantes de
la modernidad occidental, sentimos que la palabra post-humano, por el prefijo que
sugiere la superación de lo humano, enuncia un deseo prematuro. Imaginamos
que estas epistemologías son más un movimiento lateral que ascendente en su
reconsideración de lo humano, porque las luchas básicas por la dignidad y los
“derechos” humanos, por el agua y el territorio, enmarañadas en ensamblajes más
que humanos, se disputan en la institucionalidad racionalista y abstracta del
capital.6 Entonces parecería más indicado pensar una palabra que no refiera
cabalmente a la superación de lo humano.
Nos afincamos en el conocimiento acuerpado y por eso organizamos espacios y
eventos para estar en contacto físico con las múltiples formas que toma el agua en
esta región y los entramados que vida que le rodean; desde la lluvia, aunque sea
poca, los canales de riego, los humedales de aguas servidas, los cañones de los
cerros, las fumarolas de vapores volcánicos, las lagunas de evaporación, el agua
doméstica, etc. Nos es importante pensar los modos de interacción y comunicación
con agencias y fuerzas no humanas, pero aún no sabemos definir esta práctica
nepantlera7 con los referentes que tenemos a la mano. Aunque reconocemos la
comunicación no-lingüística que sostenemos con la materialidad que habitamos,
no sabemos cómo nombrar la interrelacionalidad que vivimos aquí con el río.
Mientras vamos dialogando con habitantes de la región, reconociendo cuerpos de
agua que todavía existen y el vestigio de los que ya no están, buscamos lecturas
que nos compliquen las formas de entender el paisaje porque nos relacionamos
con el conocimiento al habitar el conflicto de nuestro ser racional y sensible.
Desde el sur latinoamericano se plantean epistemologías que surgen de experiencias humanas que reconocen la interrelacionalidad, y no en respuesta a la
modernidad, sino como práctica y filosofía ancestral. De los feminismos
comunitarios territoriales reconocemos nociones como las de cuerpo-territorio y
sentipensar,8 que, aunque nos ayudan a pensar, no son nuestras para enunciarnos.
Estas palabras provienen de frentes de luchas y de tradiciones de relación
profunda con la tierra, que tienen su propia potencia política y que la conservan en
la medida en que no sean diluidas al usarse fuera de sus contextos.
Nosotras salimos de la ciudad para recorrer de cerca los cerros que vemos a diario,
a lo lejos. Y, en esos trayectos, nos surgen deseos de reclamar como comunes, no
necesariamente estatales, a los predios y paisajes privatizados que rodean la
ciudad, ocupados por la industria energética, turística, minera e inmobiliaria. Pero
sabemos que en nuestra relación con el Delta hay fracturas y grietas: desde
nuestra manera de mirar y reconocer al desierto, hasta en la experiencia cotidiana
de una ciudad autocéntrica, con ríos embovedados cubiertos por calles ¿Puede el
archivo ayudar a esclarecer estas grietas?
Los encuentros coloniales en el Delta del Río Colorado se registran en crónicas
escritas desde 1539 por Hernando de Alarcón hasta posteriores exploradores
imperiales que buscaron el desarrollo agroindustrial de la región, seguidas de
relatos de antropólogos, naturalistas extranjeros, discursos del turismo y algunos
de la ciencia contemporánea. Los primeros relatos cumplieron la función de
legitimar las aspiraciones expansionistas de la corona española en la península de
Baja California; los segundos, las de Estados Unidos en la tierra irrigable de este
valle; los de la ciencia aportaron a la clasificación y racionalización de la vida en la
región; y los últimos a los de su continua explotación.
Como argumenta la lingüista Mary Louise Pratt (2011) en su análisis sobre la
literatura de viajes y la mirada colonial, en el lenguaje de las ciencias naturales, de
la preservación ecosistémica o del paisaje por descubrir que promueve el turismo,
se esconden discursos buena onda, como les diríamos nosotras, o de
anticonquista, como los llama Pratt, que han tenido un rol fundamental en la
posesión extranjera del territorio. Más adelante mencionaremos brevemente el
rol del capital estadounidense en la conformación de Mexicali y la transformación
del Delta en un valle agrícola, pero aquí queremos hacer énfasis en la ubicuidad de
esa mirada colonial en la frontera.
Nosotras, que desde la centralidad urbana de Mexicali salimos a explorar los
cuerpos de agua que no podemos experimentar dentro de la ciudad, que no
crecimos nadando entre canales de riego, que no heredamos conocimientos
intergeneracionales sobre flujos, tiempos y fuerzas del agua en esta parte del
desierto de Sonora, ¿cómo vamos a entender y narrar las relaciones con el agua y
el río en Mexicali sin la benevolencia auxiliadora de las ciencias y la mirada del explorador?, ¿cuáles son las relaciones que queremos narrar? y ¿cómo nos
corresponde narrarlas?

Figura 4. Visiones heredadas. 2024. Fuente: Imagen propia compuesta de tres impresiones de pantalla: Screenshot de video del Archivo Familiar del Río Colorado tomada de YouTube, sobreposición de discurso del presidente Theodor Roosevelt en imagen del desierto de Sonora, impresiones de pantalla del video “The Roosevelt dam”. 1928, ubicado en The Library of Congress. https://www.loc.gov/item/mp76000354/.
El dominio del flujo y la pérdida de cuerpos de agua que nunca conocimos
Hasta hace poco más de un siglo, aquí en la región deltaica todavía se inundaba
con los ciclos de deshielo que viajaban desde Colorado. Al final de su trayecto
sobre la masa continental, antes de desembocar en el Golfo de California, el flujo
poderoso y cargado de sedimento rojizo descendía por cauces cambiantes en el
valle de Mexicali e Imperial. Los cauces principales descendían adyacentes al
sistema de dunas del Desierto de Altar en Sonora, formado por la propia
acumulación sedimentaria del río y la erosión del viento durante millones de años
(Muhs et al., 2003). Aquellas acumulaciones inquietas podrían generar
obstrucciones en los cauces que descendían al mar, provocando que el río se
desviara o “desbordara”9 hacia el oeste, inundando el valle. Cuando eso pasaba, el
flujo escurría rellenando las hendiduras del suelo, que también eran cambiantes
por la particular y constante actividad tectónica del lugar (Ramírez 2021, 180).
Esta sección del río se formaba con arroyos ondulantes, cientos de hectáreas de
humedales y lagunas ubicadas alrededor de estas fallas geológicas, formando
lagos tan grandes como el Salton Sea,10 el Lago Volcanes, la Laguna Salada y,
antes, el binacional Lago Cahuilla.
Quienes escribimos este artículo conocemos las inundaciones de Mexicali solo en
temporadas de lluvia, sobre plastas de asfalto, en calles con problemas de
drenaje, sobre cauces cubiertos y ríos entubados. Desde la construcción de las grandes presas estadounidenses a mediados del siglo pasado, alrededor del 92
por ciento de las aguas del Río Colorado y sus sedimentos no descienden al Delta.
Y aunque hace diez años, con el Acta 319 del Tratado de Aguas de 1944 entre
México y Estados Unidos, se comenzaron a liberar pequeños flujos ambientales
para la restauración riparia (CILA 2018), en México, las aguas del Colorado son
consumidas principalmente por industrias agrícolas, extractivas, transformadoras
y de ensamblaje.
La devastación ecológica que se vive en el Delta es un proceso continuo que tiene
orígenes puntuales en la historia de la administración del río, en el crecimiento de
robustas economías y poblaciones a lo largo de la cuenca y del oeste
norteamericano que ahora depende de sus asignaciones. La declaración de
escasez de 2021 ejerció nuevas presiones sobre conflictos y manejos del río,
aunque estas han estado presentes desde el comienzo del desarrollo
agroindustrial en el Delta a principios del siglo pasado, en algunos momentos con
más intensidad que otros.11
A la par de conflictos urbanos y binacionales por cauces modificados y caudales
dominados, la comunidad Cucapá, o gente del río, ha sido desplazada a lo largo de
distintos momentos en el siglo pasado y se asienta actualmente entre Somerton,
California, Pozas de Arvizu en Sonora, el Indiviso entre Sonora y Baja California, el
Ejido Cucapá Mestizo y El Mayor Cucapá en Mexicali. La mayor población en
México, alrededor de 150 personas, habita en El Mayor, entre la rivera del Río
Hardy12 y las faldas de la sierra Cucapá al suroeste del valle de Mexicali.
Hemos acompañado algunas actividades y pintas de murales organizadas por
gestores culturales y cuidadores de la lengua en El Mayor, de ahí que
reconozcamos algunas situaciones en esta comunidad, incluidas las dinámicas
alrededor de la llegada de documentalistas, periodistas, antropólogos, gestores
culturales de los gobiernos en turno y narradores externos. No se puede pensar en
las relaciones ‘familiares’ que el Delta del Río Colorado ha tenido con las personas
sin considerar a los pueblos yumanos y la comunidad Cucapá, pero creemos que
narrarlas no es nuestro rol. Invitar a miembros de la comunidad como
interlocutores sí, bajo ciertos términos y acuerdos. Hacer un archivo que sea
consecuente con su deseo de subvertir las narraciones disciplinadas y
racionalizantes que sostienen los procesos extractivos implica también considerar
las fronteras de la mediación.
La frontera incorporada en nuestro paisaje cotidiano
Nuestra investigación no es artística porque se ocupe de investigar la producción o
el objeto artístico, sino porque se asume en la práctica a partir de la experiencia
sensible y del espacio frontera entre afecto y racionalidad que reconocemos como
experiencia estética. Desde ese impulso buscamos formas y herramientas propias, según sea la comunidad de aprendizaje que se forme en cada capítulo del
proyecto. Hace poco más de un año, compartir el AFRC en la serie de
conversaciones bajo el título de Ecologías, materialidades y estéticas de la frontera,
organizada por el Borderlands STS Lab, que ahora se extiende a esta publicación,
nos estimuló a tratar de visualizar cómo entendemos la frontera, qué hace sobre
los fenómenos territoriales en los que estamos inmersas y sobre la práctica misma
de hacer archivo.
La frontera opera en la medida que clasifica cuáles cuerpos y flujos atraviesan su
límite: cuerpos de agua, trabajadores, cultivos, multinacionales, energía. Es el
mecanismo que valida y controla el flujo de lo humano y más que humano en este
Delta, cuya forma y relaciones vivas le preceden. Trazar los efectos prolongados
de este mecanismo de control, determinados por su propio poder asimétrico, nos
es importante porque estos se acarrean temporal, espacial y corporalmente en los
flujos más que humanos, materiales y simbólicos en los que participamos.
Si pensamos al río, a sus comunidades y economías, como parte del mismo flujo,
en una reciprocidad en la que uno hace a los otros y viceversa, lo que le sucede se
“incorpora” en los otros entramados y cuerpos con los que fluye. Cabe mencionar
que los fragmentos de ese flujo no son iguales. En la medida que las fronteras se
involucran en la construcción de nuestras experiencias, relaciones y memorias
sobre el lugar, incorporamos los recortes de agua, las contaminaciones, las
presiones del mercado regional del agua y la experiencia desigual13 del paisaje
hídrico en nuestras vidas.
La mayoría de nuestras vidas hemos bebido agua del Río Colorado. Cuando
comenzamos el proyecto, durante la pandemia de COVID-19, acababa de pasar
un año en el que tuvimos varias pérdidas de seres queridos. Por esas ausencias nos
recordamos cuerpos de agua que forman parte de ciclos y flujos planetarios y que,
a su vez, son mediados por un sinnúmero de tecnologías. El conocimiento llegó al
cuerpo en la Laguna Salada, al pensar en la muerte de una abuela, la evaporación
total de su cuerpo y de la misma laguna. La lectura del hidrofeminismo de Astrida
Neimanis (2017) aportó algunas palabras para articular ese saber corporal que
todavía no sabíamos expresar. El concepto de hidrofeminismo es una propuesta
para construir solidaridades con lo más que humano a partir de las condiciones
materiales transhistóricas, transcorpóreas y transespecies del agua. Es decir, un
modo de entender que el agua del cuerpo de la abuela retorna totalmente a la
humedad de la tierra, a sus plantas y atmósfera, como ha circulado desde la
misma formación del planeta.
Hemos aprendido la historia de nuestra ciudad y de esta región como una
narrativa de prosperidad, crecimiento económico y oportunidades laborales que
atrajeron a nuestras abuelas y abuelos a migrar hacia acá gracias a la dominación del río. Las grandes obras de infraestructura hidráulica, financiadas por y
registradas en archivos de empresarios y gobiernos estadounidenses, cuentan esa
Historia. El poder asimétrico no sólo se incorporó en la materialidad de la ciudad,
en su trazado urbano e infraestructura de riego, también permeó relatos,
imaginarios y deseos. Un relato común, presente en la retórica del Buró de
Reclamación Estadounidense, en el desarrollo de este valle (véase imagen del
lado derecho en la figura 4) y vigente en el habla mexicalense, es el de este
territorio como un desierto vacío y carente de valor, solo transformado en valioso
cuando se torna “verde” gracias a la infraestructura de riego.
El proyecto de dominar el Delta dio comienzo a la ciudad que habitamos. Y
aunque este proyecto siga robusteciéndose, a nosotras nos gustaría observar la
posibilidad de otros proyectos en la escucha de otros relatos: los de las relaciones
emocionales y habituales con lo más que humano, con el río, con sus paisajes y el
agua. Si también guardamos historias que enfaticen la dominación de la
naturaleza, el desarrollo económico, el “ahorro de recursos naturales” o el
fomento de los servicios ecosistémicos, será para examinarlas de modo crítico.
Reconocer la condición asimétrica de la frontera, ubicarla y posicionarnos con
respecto a la direccionalidad de su ejercicio de poder, nos permite ir moviendo
nuestras búsquedas. Para ubicarla, podemos dirigirnos hacia algunas de las
tensiones actuales alrededor del Canal Tulicheck (véase figura 5), que atraviesa el
valle y la ciudad, llevando el mayor caudal de agua que fluye por nuestro lado de la
frontera hacia el Acueducto Río Colorado-Tijuana,14 pero que también es
conocido por ser un vertedero de cuerpos humanos.

Figura 5. Canal Tulichek y Canal Cerro Prieto. 2024. Fuente: Imagen propia editada por Jessica Sevilla con imágenes apropiadas de redes digitales para el Archivo Familiar del Río Colorado.
El Río Hardy, uno de los últimos cauces con flujo, es un tanto inaccesible como
lugar porque el mercado inmobiliario impera en sus orillas. La agroindustria, que
acapara el agua, cosecha y empaqueta productos principalmente para
exportación, particularmente forrajes y alfalfa. Y, actualmente, gran parte de las
parcelas ejidales son arrendadas por compañías estadounidenses. La geotérmica
del volcán Cerro Prieto, un proyecto pensado y financiado por Estados Unidos,
extrae aguas subterráneas filtradas por muchísimos años de la existencia de
Laguna Volcanes.
La mayor parte de la cuenca es administrada por las presiones de consumo del
oeste estadounidense y la pequeña porción en la que vivimos, aunque esté en el
país de México, pareciera que también. El paisaje que incorporamos en nuestra
vida cotidiana lleva rastros activos o pasivos de la frontera, manifiestos en sus
formas y elementos. En una noción interrelacional del paisaje, entendida a partir
de ciertas pautas del antropólogo Tim Ingold, consideraríamos que cada uno de
sus componentes “contiene en su esencia la totalidad de sus relaciones” (Ingold
2000, 191). Esto es, que mediante sus componentes, un paisaje determinado se
relaciona con otros paisajes y escalas territoriales. El paisaje, entonces, es un
registro, un archivo de esas relaciones con otros lugares mediados por la frontera
(véase figura 6).

Figura 6. ¿Qué compone al paisaje? 2023. Fuente: Imagen propia obtenida por una captura de video editada por Enero y Abril y Jessica Sevilla para el Archivo Familiar del Río Colorado. Composición con registro de sesión de escucha profunda en el sitio de restauración Laguna Grande y audio de Leslie García.
El archivo como tecnología narrativa
Cuando comenzamos a plantear este proyecto no lo imaginamos como un espacio
físico y fijo o una institución que albergará documentos, sino como uno que nos
fuera posible desarrollar, que existiera afuera de modo flexible: en el campo, en el
museo prestado, en el sistema lagunar, en internet, con nuestras compañeras de
la universidad, etc. Imaginamos un archivo que, ciertamente, se dedicara a reunir
imágenes, anécdotas y ficciones, pero que también estuviera dirigido a la
interpretación, edición y divulgación de estos materiales, y que pudiéramos ir
acumulando con experiencias propias. Así que parte de nuestra labor ha sido
buscar formatos con los que el archivo se active: cocuradurías que nos ayuden a organizar ideas y articular relatos colectivos pensados en caminatas, talleres,
charlas, exposiciones, sesiones de escucha, entre otros.
Si el archivo se activa, si se mueve y adquiere distintas formas, si detona efectos y,
sobre todo, si nos acerca a entender nuestras relaciones con el espacio que
habitamos, podemos pensarlo como una tecnología. Los documentos, ya sean
imágenes, textos, obras de arte o registros de nuestras caminatas, son dispositivos
que activan conversaciones, sensaciones y preguntas. La imagen, por ejemplo, es
en sí misma una tecnología que puede colectivizar una historia, detonar recuerdos
y emociones a partir de un conocimiento localizado. Si bien el paisaje y los cuerpos
mismos acumulan “hechos” (rastros de fuerzas económicas, eventos, pérdidas,
traumas, etc.), no es hasta que nuestro lenguaje humano los hace evidentes que
podemos activar la tecnología del archivo. Este, al ser un conjunto de información
atada a recuerdos y experiencias del paisaje, intrínsecamente se moviliza por la
emoción.15 Cada imagen, mapa, sonido, video, posee su propia emoción y voz. El
archivo entonces moviliza afectos a través de sus diferentes medios, formatos y
categorías.16


Figura 7: Dos fotografías de archivo familiar. Fuente: Cortesía de las familias Galarza y González Gastélum.
Si bien mencionamos que no imaginamos al AFRC como un entorno físico o como
una organización con metas y objetivos fijos, en esta selección y lectura de
documentos sí estamos construyendo un espacio con cierta configuración y
ciertas miradas.17 Es un espacio que se mueve cuando involucramos a más
personas a dialogar con nosotras, pero que también se sostiene alrededor de una
red particular con posiciones, conocimientos e intereses que nos permiten buscar
unas historias antes que o en lugar de otras.
Asumimos que nuestras prácticas, desarrolladas a partir de cómo entendemos y
hacemos uso del archivo, deben enmarcarse en ciertos posicionamientos éticos y
políticos. ¿Cómo funcionaría este archivo si se produjera desde la Comisión Estatal
de Servicios Públicos para sus programas y campañas de ahorro sobre “cultura del
agua”?, ¿o si fuera generado por una inteligencia artificial, buscando imágenes en
las redes sociales mexicalenses para desarrollar una campaña emocional del tipo
Coca-Cola Company, con el fin de expandir su consumo en esta parte de la cuenca
o para permitir el aumento de producción en su planta en Mexicali?, ¿o si estuviera
basado y fuera gestionado por la comunidad indígena de El Mayor Cucapá?
La cantidad de historias sobre relaciones con este territorio y el agua exceden por
mucho a la capacidad que tenemos nosotras de escucharlas. Esa limitación
inherente a los archivos, su imposibilidad de capturar la complejidad de la historia,
es una que revela más sobre el poder que sobre la verdad, según sus silencios y
omisiones (Mbembe 2020). Habrá ciertos silencios que no son omisión; cierto
silencio que es mejor a usar memorias ajenas como “talismán” que las subvierte y
transforma en mercancía, diluyendo deudas y disputas históricas.
¿Cómo se va a narrar en el futuro lo que nos pasa con el río ahora?, ¿seguirán siendo
los científicos y ambientalistas estadounidenses?, ¿cómo nos vamos a enterar que
las avenidas eran ríos y que las personas tenían vínculos afectivos con esos ríos?,
¿cómo vamos a entendernos para movernos hacia el futuro? Tenemos que leer la
memoria del territorio en nuestros propios términos, aunque sea escabroso definir
qué es “nuestro” y quiénes somos “nosotrxs”. El archivo entonces se instrumentaliza
para entendernos a nosotras mismas de cara al poder, que modifica los recovecos
más recónditos de las sierras que nos rodean y de los acuíferos que nos alimentan.
Activaciones del archivo y del cuerpo
Un primer evento público de memoria, música, danza, poesía y enunciación sobre la canalización del Río Nuevo, al que nombramos Nuestra Señora del Río Oculto (véase figura 8), comenzó por ayudarnos a encaminar la búsqueda de relaciones afectivas y espirituales con el agua y a guiar nuestras investigaciones sobre la cualidad “oculta” del Río Colorado.18

Figura 8. La señora Raquel Portillo prendiendo salvia blanca después de tomar la voz, en el cierre del evento de Nuestra Señora del Río Oculto. 2022. Fuente: Fotografía de Mayté Miranda.
Seguimos llevando a cabo una caminata en el sitio de restauración Laguna
Grande,19 a cargo de la asociación binacional Sonoran Institute, con nuestra amiga
Leslie García. Aquí realizamos una serie de sesiones de escucha profunda en los
nuevos bosques de mezquite y de álamo, a la orilla del río, sobre su vegetación y
pastos, e incluso en el paisaje subacuático. A partir de estos registros se elaboró
una pieza de paisaje sonoro en la que se entremezclan ecosistemas y voces
humanas, cuyos mensajes fueron enunciados en el evento de Nuestra Señora del
Río Oculto y que queda como registro para el archivo, pero sobre todo detona los
ejercicios de aprendizaje y comunicación con lo más-que-humano que utilizan al
cuerpo, a los sentidos y las sensaciones.
Unos meses después, continuamos con la exploración de la Laguna Salada, una
subcuenca seca ubicada al suroeste de Mexicali, entre la Sierra de Juárez y
Cucapá, que solía ser sujeta a las inundaciones del Delta, pero se ha mantenido
seca por al menos treinta años, ocultando multiplicidad de historias, toponimias e
interrelaciones que existieron ahí. El proyecto Invocaciones al Agua entre los
Cerros20 emprendió caminatas alrededor de la subcuenca y las sierras que le
rodean, además de talleres y conversaciones sobre distintos procesos creativos de
los que surgió una serie de gestos visuales, textuales y sonoros colectivos
presentados en una exposición llamada “La huella del agua tiempo en forma de
grieta” (véase figura 9).

Figura 9. Mapa de Invocaciones, 2022. Fuente: Textil con imágenes impresas en sublimación hecho con los participantes de los talleres.
Lo más significativo de estos talleres y caminatas fue que pusimos a nuestros cuerpos en movimiento sobre los antiguos cauces del río. El acto de caminar exhaustivamente se volvió una herramienta metodológica para acercarnos a la frontera comunicativa con lo más que humano. Fue una manera de explorar en colectivo a través del diálogo, en sitio y desde la experiencia somática (véase figura 10).

Figura 10. Enero y Abril en la primera caminata alrededor del Pozo Coyote en Mayo de 2022. Fuente: Imagen tomada por Mayté Miranda.
Más allá de reforzar la noción de ausencia, nos interesó imaginar y evocar aquellos fenómenos naturales perdidos; hacerlos presentes. Para nosotras, la invocación apela a la vida que habitaba ahí, a la memoria de sus ciclos y fenómenos, al presente de sus organismos y flujos imperceptibles, al futuro de su presencia.21 Enero y Abril nos llamó a crear desde “el rumor, desde el hueco, desde la sospecha, desde la historia potencial y desde la grieta” (Enero y Abril, 2024).

Figura 11. Imágenes tomadas durante la tercera caminata en él Cañón de Guadalupe. Fuente: Imágenes tomadas por Jessica Sevilla y editadas por Rosela del Bosque.
Cada caminata trajo sus propias preguntas y cada uno de los participantes abordó
distintos caminos de reflexión. Algunos entendieron al cuerpo como medio de
contención de emociones, aguas e historias íntimas en relación con el espacio. En el
video-performance titulado Contenedor, de Hugo Fermé, el cuerpo funge como un
contenedor en sí mismo y se entiende como un medio de contención física del agua.
La acción traza el recorrido corpóreo y emocional del artista tras contener un
trago de agua en su boca durante cuarenta minutos. Recuerda que el último gesto
hacia su padre fue darle de beber. El video culmina con Fermé llegando al
desierto, escupiendo el agua hacia el cielo, mojando su rostro mientras cae el
atardecer. Da la sensación de un cierre de ciclo entre su cuerpo y el recuerdo
íntimo con su padre.
En el caso de Anette Chávez, su video narra el devenir de un jarrón de cerámica
extraído de la casa de su madre, que se fractura, estalla, vacía, al incorporar su
historia familiar vinculada al Valle de Mexicali, cerca del pozo 89; es el agua y el
sitio lo que la conecta con sus antepasadas. Para Ado, romper el jarrón no es
impulso central, sino remendar los pedazos que quedaron. Más allá del destrozo,
la acción recalca la grieta del jarrón; su contusión material y trauma emocional en relación con el paisaje y la memoria vinculada a él. De ser un objeto inanimado, el
jarrón se aviva y corporiza los recuerdos y modos de vincularse con el espacio.
Archivo familiar: relaciones de parentesco con aguas y paisajes
En la repetición de rutas en la ciudad y la mediana estabilidad en la que vivimos,
no estaremos pensando ni percibiendo la frontera violenta todo el tiempo sólo
porque está ahí constantemente. Alguna imagen o situación suele “activarla”. Tal
vez noticias sobre empresas que buscan instalarse para aprovechar las asimetrías
antes mencionadas, al ver a una persona en situación de movilidad, al manejar de
nuestra casa hacia Planta Libre sobre la Avenida Colón, que corre nueve
kilómetros paralela a la barda, o al tener alguna charla sobre las migraciones de
nuestras y nuestros abuelos. En el último caso, las nociones que tengamos de la
frontera se activarán para recordarnos cómo atraviesa nuestra vida por completo.
Mencionamos anteriormente pensar nuestra relación con el agua como una especie
de consanguinidad. Aunque a nosotras no nos tocó crecer bañándonos en el río,
muchos álbumes fotográficos familiares en Mexicali tienen registros de días y paseos
en esos lugares antes de que fueran vestigios. Un conjunto de esos recuerdos, de
diferentes espacios y tiempos, nos permite imaginar a una comunidad articulada por
paisajes afectivos, y al río como algo más que un valor de cambio; como participante
común de la fotografía familiar. En estos documentos encontramos señales que
ilustran la posibilidad de generar parentesco (Haraway 2016) con el río.
¿Cómo hablamos, desde nuestra familiaridad, sobre los cuerpos de agua y sus
paisajes en Mexicali? ¿De qué manera heredamos, o no, las aspiraciones que tenían
nuestros abuelos o padres del sueño americano y la movilidad económica asociada
con este lugar? ¿Cómo se manifiestan dichas aspiraciones en Mexicali, en la
arquitectura, la flota vehicular, en el consumo general, en el pasto bermuda y los
árboles podados? ¿En qué modo reproducimos la afinidad de nuestros abuelos por
el verdor de otras geografías, el rechazo de la aridez y el desierto? (véase figura 12).
Previo a nuestro primer evento público, el de Nuestra Señora del Río Oculto,
hablamos con Jaziel Torres de la comunidad Cucapá Mayor sobre su participación
y el tema que nos reunía: la memoria del río. Nos comentó que a él le habían
enseñado que el río era como un abuelo, parte de su familia. En el evento, la
señora Raquel Portillo, que en paz descanse, nos platicó sobre su lucha por
conservar la pesca y sobre cómo era el río antes de las presas, cómo llegaba
cargado de sedimento colorado (véase figura 8).
Una conclusión: el espacio (y en ello, el suelo) como archivo
Fred B. Kniffen, en The Natural Landscape of the Colorado Delta (1932), distingue
las distintas tipologías de cuerpos de agua que integran la región deltaica del
Colorado y su relación simbiótica con otros elementos del paisaje, como el
sedimento, el Alto Golfo y las placas tectónicas. Al definir estas formas, identifica
el desbordamiento como una categoría y fenómeno clave, y reconoce a la Laguna
Volcano, la Laguna Salada y el Salton Sea como ejemplos de estos
desbordamientos (Kniffen 1932, 173), pues son cuerpos de agua que se definen y
existen en la medida en que el Río Colorado inunda su Delta y entra en estas
cuencas. Cuando las aguas se retiran, lo que queda es la huella agrietada que el
agua dejó en la cuenca. El sedimento y su constelación de grietas son testimonio
de miles de años de entradas y salidas de agua, ahora interrumpidas.
Esta lectura geológica del Delta nos ha dado dos lecciones. La primera tiene que ver
con que gracias a ella se formó un sistema regional amplio e interconectado a través
de flujos erráticos, de “desbordes indisciplinados”. La segunda es que de ello sólo
nos quedan las huellas agrietadas del suelo. Para estudiar el Delta del Río Colorado,
entendimos que era necesario hacer el ejercicio de desedimentar,22 no solo
buscando las grietas grandes en forma de fallas geológicas, fracturas y movimientos
telúricos, sino desentrañando las relaciones coloniales entrelazadas con el mismo
suelo. Como lo plantea Kathryn Yusoff (2018), la geología está profunda e
históricamente entrelazada con el necropoder. La Laguna Volcanes, ahora seca,
acumula el sedimento resultante de la extracción geotérmica; un proyecto
energético desarrollado con el saber tecnocientífico estadounidense desde
mediados del siglo pasado para exportar energía y que se ‘incorpora’ en el desgaste
medioambiental, pero también en la salud pública de las comunidades aledañas.

Figura 12: Cerro Prieto, rodeado de lagunas de evaporación en donde antes estaría la Laguna Volcán. Fuente: Fotografía de Rosela del Bosque.
Pensar desde las temporalidades geológicas, además, nos ha permitido observar relaciones interescalares, de lo local a lo planetario, de lo micro a lo macro (véase figura 13). Mexicali, su valle y el Delta del Colorado están inmersos en un territorio geológicamente complejo, un paisaje desértico de volcanes de lodo, géiseres y aguas sulfurosas, situado en un intrincado sistema de placas tectónicas con la Falla de San Andrés como protagonista. La subducción de placas creó fallas y el levantamiento del suelo formó sierras y costas, mientras que la caída de fuerzas constituyó las cuencas en este mapa geológico de desbordamientos. Estas fuerzas tectónicas, manifiestas en la constante actividad sísmica, continúan remodelando el sustrato del Golfo de California y la región Delta.23

Figura 13: Una en el enredo. Fuente: Imagen propia a partir de un diagrama de dimensiones y escalas sobre mapa de Thomas Burnet, publicado en 1694, que muestra al planeta sin agua y a Baja California como una isla. Editado por Jessica Sevilla para este artículo, su tesis y el Archivo Familiar del Río Colorado, 2024.
“Las rocas no son sustantivos, sino verbos”, revela la autora y geóloga Marcia
Bjornerud (2018, 8); son vestigios materiales de procesos en movimiento que
abarcan grandes franjas de tiempo: erupciones volcánicas, levantamiento de
sierras, terremotos. El suelo, entonces, es un archivo, las rocas hablan; son
registros politemporales que evidencian un territorio y una serie de acuíferos en
constante movimiento. Lo geológico nos ha impulsado a escuchar y develar
historias de tiempos profundos. Los temblores y terremotos son parte de las
mismas afinidades y relaciones vivas en el paisaje. Comprendernos como parte de
los procesos terrestres y sus ciclos nos obliga a pensar en la conciencia del tiempo
profundo: las escalas, lo misterioso y lo desconocido dentro de las relaciones
planetarias. El terremoto de magnitud 7.2 del 4 de abril de 2010, evidenció que la
Tierra estaba decidida a liberar energía más allá de nosotras.
La artista Karina Villalobos, en su proyecto sobre Sakamoto, un poblado vecino al
ejido Michoacán y la planta geotérmica de Cerro Prieto, narra la transformación de un asentamiento que se desmoronó y cuyas tierras se abrieron durante ese
terremoto. Su familia recuerda cómo la sierra desprendía polvo y oscilaba,
mientras pequeños géiseres brotaban del suelo (véase figura 14).24 En el temblor
de 2010, la licuefacción del terreno hacía imposible desplazarse, pero el paisaje
geológico de Mexicali, vinculado al sistema planetario del Cinturón de Fuego del
Pacífico, se reavivó como solía hacerlo antes de la instalación de la planta
geotérmica (véase figura 15).


Figura 14: Licuefacción. Ejercicio realizado por la artista Karina Villalobos sobre Sakamoto durante el taller “La imagen salvaje” en mayo de 2022. Fuente: Cortesía de la artista.

Figura 15. La Planta Geotérmica Cerro Prieto, s.f. Fuente: Cortesía del Archivo Histórico del Municipio de Mexicali.
Como en los otros paisajes y cuerpos de agua mencionados, las fuerzas asimétricas de la frontera han quedado incorporadas en la desecación de la Laguna Volcanes y el agotamiento de los acuíferos con la operación de la planta geotérmica. La frontera no solo ha modificado el espacio y los ecosistemas donde vivimos, sino que también ha impactado los flujos y procesos planetarios con los que estamos entrelazadas, así como nuestra capacidad de disfrutar las vistas de aguas superficiales y humedales, sus sonidos, frescuras y alimentos. Pensar la frontera desde la materialidad del agua y el agua desde la frontera nos ha permitido comenzar a visibilizar los entretejimientos de escalas espaciotemporales con la cotidianidad vivida en la ciudad, hasta los flujos planetarios y el tiempo geológico. En esta maraña, las relaciones de la frontera y las dinámicas acumuladoras del capital nos permiten entender los cambios irreversibles del vasto Delta, que trastocan cuerpos y las entrañas propias. Para el Archivo Familiar del Río Colorado, fluir caminando y pensando con la entraña es un primer paso hacia una ética del cuidado que nos permita imaginar futuros juntas con el Delta del Río Colorado.
Notas
1
Jessica Sevilla (1988) y Rosela del Bosque (1997) gestionan e investigan el Archivo
Familiar del Río Colorado en colaboración con Mayté Miranda y Minoru Kiyota.
2
En este texto se comprende como Delta del Río Colorado, con mayúscula, no
sólo a la desembocadura en el Golfo de California, sino a la región inundable que
abarcaba desde el Salton Sea, hasta las zonas de humedales, lagunas, ríos,
arroyos y estuarios en Mexicali y la frontera con Sonora.
3
El debate sobre los -cenos comienza con la propuesta del término Antropoceno
por el químico y ganador de Premio Nobel, Paul Crutzen, quien sugiere el inicio de
una nueva era geológica marcada por los efectos prolongados de los procesos
antropogénicos a escala planetaria e interespecie. Posteriormente, se articulan
conceptos como el Capitaloceno (Andreas Malm, Jason Moore y más tarde
utilizado por Haraway), que hace énfasis en el rol del sistema capitalista sobre la
noción del ‘antropos’, o el Plantationoceno (Haraway 2014;Tsing 2014; Gilbert y
Edel 2015) y el Chthuluceno (Haraway 2016).
4
Usamos y comprendemos a los flujos como “erráticos” a raíz de una serie de
conversaciones con nuestra amiga Andrea Torreblanca, quien durante los últimos
tres años ha curado una serie de eventos y conversaciones en la región fronteriza
de las californias, a través de su colaboración con INSITE, también para pensar en
relaciones interescalares y fenómenos ecológicos que atraviesan la región.
5
Mayté Miranda es artista visual, gestora, curadora y profesora; trabaja con
medios como la escultura, dibujo, fotografía, haciendo textos y
autopublicaciones, además de la gestión y docencia de artes plásticas para
infancias. Ha participado en distintos proyectos artísticos colaborativos y
actualmente es curadora en la galería en la que nació este proyecto, Planta Libre.
La galería es dirigida por Minoru Kiyota, quien es arquitecto, estudió una maestría
enfocada en la práctica del diseño y las relaciones socioambientales, y también ha
participado de otras iniciativas culturales y ciudadanas. Desde hace años explora el
archivo de su obāchan, mientras aprende de su historia migratoria y su vida en Mexicali.
Como Mayté, Rosela del Bosque es curadora en Planta Libre y en otros proyectos
independientes. Estudió una licenciatura en historia del arte y una maestría en
curaduría después de que empezáramos este proyecto, por lo que sus intereses en
esta geografía y la práctica curatorial se han ido agudizando a la par. Actualmente
le interesa la geología, los fenómenos de geotermia, vulcanismo y los procesos
extractivos en la región. También es profesora en materias de gestión cultural y
crítica de arte en la Facultad de Artes de la UABC.
Jessica Sevilla también es artista, gestora cultural, arquitecta y profesora
universitaria. Estudió una maestría en estudios de diseño, enfocándose en
procesos de apropiación del espacio. Investiga sobre la producción del paisaje
afectivo del agua en Mexicali desde un programa doctoral en Estudios Culturales.
Ha colaborado en iniciativas ciudadanas, en co-curadurías locales y desde hace
diez años tiene una práctica artística que explora la geografía con imagen, texto,
cartografía e instalación.
En equipo, hemos intercalado tareas de recopilación y producción de registros
documentales, tanto en caminatas y diálogos, como en investigaciones de
escritorio. Guardamos crónicas, historias orales, imágenes de archivos familiares,
de archivos institucionales y encontrados, paisajes sonoros, documentos de
gobierno, proyectos de desarrollo, artículos científicos, mapas, obras de arte,
memes y publicaciones en redes sociales, entre otras cosas. Planeamos talleres
para trabajar con estos registros, explorando preguntas particulares, editando
materiales y buscando relecturas de los archivos existentes.
6
Como afirma el geógrafo Henri Lefebvre (1974), la naturaleza no trabaja por sí
misma, sino cuando la domina la fuerza acumulativa del capital para convertirla en
valor de cambio.
7
En Nepantla: liminalidad y transición. Escritura chicana de mujeres, Gloria
Anzaldúa (2007) plantea el Nepantla como un sitio, estado y percepción de entremundos,
de liminalidad y cruce entre fronteras como parte medular de la
experiencia chicana. Nepantla forja y abre camino a nuevas identidades,
espirituales, lingüísticas, socioculturales, geopolíticas, psicológicas y creativas.
8
Reconocemos el concepto de sentipensar, tanto por la activista guatemalteca
Lorena Cabnal (2022) como por el antropólogo colombiano Arturo Escobar (2016),
que a su vez lo retoma de Fals Borda (1984), quien, después de sus intercambios
con las concepciones ribereñas colombianas de la costa atlántica, identificó los
modos de relación y entendimiento con el entorno como uno que involucra al
cuerpo para pensar. Sentipensar es un llamado a ser y relacionarse, superando el
problema de mente-cuerpo; pensar con el corazón y sentir con la cabeza; una
noción que, a pesar de ser apropiada por la antropología de comunidades
indígenas, no tiene un significado que sea exclusivo a los pueblos, ni a la tradición
académica decolonial.
9
Pensar al río como una línea definida sobre el terreno, argumenta el arquitecto y
planificador Dilip da Cunha (2019), es un acto de creación humana; un designio o
diseño que parte de la representación visual, el deseo cartográfico y de
dominación. Él nos exhorta, en cambio, a considerar a los ríos como un campo abierto de humedad. La idea de un “desbordamiento”, por tanto, refuerza la idea
de un río dominado en la forma fija de un cauce.
10
El Salton Sea, mencionado varias veces en este texto, es un lago salino ubicado
al norte del Valle Imperial, en la parte más baja del Delta. Este se llenó de “modo
accidental” cuando en los esfuerzos ingenieriles por la dominación del caudal en
1905, el Colorado se desbordó. Su agua fluyó a través de dos antiguos cauces, el
de Río Nuevo y Río Álamo, que hasta la fecha siguen transportando drenaje
agrícola del Valle Imperial y Mexicali hacia el Salton, contribuyendo a mantener el
nivel de agua en el lago, pero también a su salinidad y deterioro ecológico.
11
El desarrollo agrícola del desierto del Colorado germina después del interés del
doctor Oliver Wozencraft, quien a mediados del siglo XIX comienza a promover la
idea de desviar el caudal del río hacia el noroeste—por el cauce del río Álamo—
para mover el agua por gravedad hacia el Salton Sea. En 1906, cuando ya había
desviado el caudal y una serie de inundaciones llenaron el Salton, Los Ángeles
Sunday Times publicaron en primera plana una imagen y texto que expresaban el
deseo del Bureau of Reclamation de redibujar el límite binacional, de modo que
este incluyera al cauce del Río Álamo y lo que hoy es Mexicali como parte de
Estados Unidos (Berumen 2013).
Al ser expulsadas las compañías estadounidenses del valle de Mexicali durante el
gobierno de Lázaro Cárdenas, particularmente después de 1938, la política de
poblamiento para la región mantuvo una relación directa con las ideas de dominar
desierto y río. Antes de que el agua fuera acaparada por Los Ángeles y otros
centros urbanos estadounidenses, el valle de Mexicali fue impulsado a reclamar su
porción del caudal haciendo al desierto productivo, trasladando las lógicas de la
frontera, enlazadas con el nuevo nacionalismo, hacia las tierras “salvajes” o
improductivas (Ward 2001).
Entre las décadas de 1960 y 70, los suelos agrícolas del valle sufrieron un grave
problema de salinidad relacionado con la calidad del agua entregada por Estados
Unidos; en Mexicali no sólo se perdieron los cultivos, sino que se disponía de agua
contaminada para vivir. Más recientemente, en 2017, el gobierno estatal de Baja
California intentó privatizar el suministro de agua, concediendo la construcción de
una desalinizadora a un consorcio mexicano-israelí y una megacervecera
transnacional de la compañía Constellation Brands. Es decir, las presiones del
mercado de agua en California, su urbanización y las dinámicas asimétricas de la
frontera, volvieron a poner en desventaja a los ecosistemas y la disponibilidad de
agua en el lado sur del límite binacional.
12
El Mayor no tiene infraestructura de agua potable; el agua llega en camiones
con pipas. El caudal del Río Hardy proviene de aguas urbanas servidas que pasaron por un proceso de biorremediación en unos humedales artificiales Las
Arenitas, un proyecto que opera desde 2007, construido con fondos del North
American Development Bank.
El nivel del agua del Hardy es bajo, por ende, no hay peces como antes, tanto
porque la liberación de agua es escasa, como porque los campos turísticos río
arriba colocan represas. A lo largo de estos años, y con mayor intensidad a partir
de la creación de la Reserva de la Biósfera del Alto Golfo de California y Delta del
Río Colorado en 1993, la comunidad ha demandado su derecho a la pesca y
resistido a los procesos coloniales en la ribera.
13
El desarrollo acumulativo es desigual por naturaleza; la asimetría en la
producción del espacio no es sólo subproducto del capitalismo tardío, sino que es
inherente al funcionamiento del sistema mismo (Smith 1984). Si esa cualidad
asimétrica se potencializa en las fronteras –en los cercamientos de los Estadosnación
o en las fronteras intraurbanas–, las experiencias y aprendizajes que
generamos al movernos en estos espacios, al interactuar y vincularnos con sus
entramados ecosistémicos, no sólo son desiguales porque nosotras seamos
personas distintas, sino porque las dinámicas de poder desigual dan forma a los
espacios en los que vivimos. De ahí que cuando experimentamos el paisaje en el
Delta, no podemos desprendernos de este mecanismo clasificador y biopolítico
que parece trastocar todo el espacio que habitamos.
14
El flujo en dirección a la costa obedece a la demanda de la industria maquiladora
en Tijuana, así como al mercado de agua californiano. Sobre este flujo, la
desaparición forzada en el país, entre un entramado más complejo de relaciones, se
incorpora en la materialidad del agua y el paisaje. Si bien el canal tiene apenas
algunos tules y sauces que le rodean aferrados, el Tulicheck es una parte del río que
queda en la ciudad y, sin embargo, se habla de cubrirlo para convertirlo en avenida;
de ocultarlo para no ver la violencia que este incorpora y tampoco el agua.
15
Como la investigadora Elia Méndez García expresa en su investigación sobre los
mineros serranos de la Sierra Juárez en Oaxaca, “la potencia de recordar vincula a
la mente con el corazón, a la razón con el sentimiento. Une lo que el capital se
empeña en separar. Une lo olvidado en el recuerdo” (Méndez 2017, 177).
16
Por casi cuatro años, hemos alimentado una plataforma digital que almacena
archivos JPG, PDF, capturas de pantallas de mapas que forman parte de
colecciones de archivos estadounidenses, conversaciones y publicaciones de
redes sociales. Se han categorizado estos documentos y se ha establecido un
orden según la voz de quien narra, sea un explorador inglés del siglo XIX, una
familia que describe un domingo en los canales del Valle de Mexicali, un mapa que
ilustra cuerpos de agua que ya no existen o una obra de arte que retrata el Río Hardy. Estos testimonios brindan perspectivas múltiples sobre la historia que se
ha contado del Delta, sus ecologías y el desarrollo del valle.
El archivo colonial tiene distintas formas y tesituras materializadas por los relatos de
exploradores españoles, misioneros, cartógrafos europeos, científicos
desinteresados, etnógrafos, turistas que buscan un paraíso desolado que se asemeje
a la idea de espacio desierto que se sostuvo de la Isla de California en dos siglos.
También está el documento histórico institucional, la crónica fotográfica que registra
el dominio del río, el triunfo de la ingeniería hidráulica. Por otro lado, están el meme
y las publicaciones de Facebook donde se manifiestan expresiones contingentes a
los fenómenos de la lluvia y la sequía, los recuerdos y añoranzas de cuerpos de agua
y canales de riego donde se bañaba la población. Hay sarcasmo e ironía para
sobrellevar su estado actual de abandono y hedor. En los recuerdos y las fotografías
de archivos familiares están expuestas las prácticas cotidianas, (véase figura 7) los
espectros de relaciones particulares con cuerpos de agua que ya no existen y paisajes
que han cambiado. En la producción artística encontramos aproximaciones al paisaje
que varían según su tiempo y voz narrativa.
17
Hablamos desde el privilegio de vivir en la ciudad, con educación universitaria y
el idioma inglés que nos permite buscar en bases de datos estadounidenses.
También tenemos la posibilidad de acceder a becas para rentar carros grandes
que nos trasladen acompañadas hacia el valle y las montañas para conocer sus
ecosistemas y hacer este proyecto, a pesar de los conflictos armados que suceden
en la región.
18
En él aludimos a la wādī al-lubb, posible origen de la palabra Guadalupe y que
lleva el significado de “río escondido” en árabe. Así como su figura nos recuerda el
mestizaje violento, en el evento astronómico de esa noche (la lluvia de estrellas de
la constelación Hydra), nos permitió llamar a nuevas maneras de significar nuestra
relación con el misterio de las relaciones planetarias con el agua y la vida.
19
Este sitio es una franja que ha sido repoblada de bosques riparios después de las
liberaciones del flujo ambiental de 2014, posible gracias al Acta 319 del Tratado de
Aguas entre México y Estados Unidos de 1944.
20
Ese periodo de 2022-23 invitamos a colaborar a Enero y Abril, amiga y artista de
Xalapa, Veracruz, que hilvana su propia práctica artística con la microhistoria, el
archivo familiar y las relaciones vivas con el territorio. Impartió el taller “La
imagen salvaje”, que suele trabajar a partir del archivo familiar, público o
encontrado, con la intención de ficcionar, reapropiarse e incluso crear las historias
que le puedan faltar a la Historia, a la par que se dialoga con autoras como Gloria
Anzaldúa, Silvia Rivera Cusicanqui y Ariella Azoulay. Por llevarse a cabo en el
espacio cultural de Planta Libre, participaron mayormente artistas, arquitectas, gestores, diseñadores, pero también se acercó Ricardo Corral, quien tiene
formación en ciencias químicas y deseos de experimentar desde las artes y pensar
con el Archivo.
La investigación documental marcó pautas sobre los espectros del agua que podríamos
ver en el sitio. Con ello propusimos algunos de los caminos que cruzan la cuenca,
cuerpos de agua, cañones y montañas, identificando rutas antiguas, abanicos aluviales
e historias del lugar que definieron los tres momentos de las caminatas: la de Pozo
Coyote al sureste de la Salada en mayo de 2022, otra sobre la Sierra Cucapá en enero de
2023 y la última en el Cañón de Guadalupe en abril de 2023.
21
Emprendimos el ejercicio de recorrer el espacio buscando vínculos que nos
recuerden qué saberes y sentires están en la entraña, aunque pudiesen sentirse
latentes en la ciudad. Desde esas experiencias del espacio y caminatas lentas
conectamos al recuerdo de otras experiencias en el campo, a la temperatura de
los cañones, al deseo de entrar en las aguas termales, entre otras cosas (véase
figura 11).
22
Término presentado por Kathryn Yussof para hablar sobre el desmantelamiento
de las estructuras que históricamente se han “sedimentado” en el espacio,
enredadas con la ciencia y práctica de la geología y sustentadas en el
colonialismo, las relaciones de raza y la extracción de bienes en el planeta.
23
Peter L. Kresan, en su artículo “A Geologic Tour of the Lower Colorado River
Region of Arizona and Sonora”, explica que el Delta del Río Colorado “es un
paisaje moldeado por una larga serie de acontecimientos geológicos superpuestos
que actúan tanto para construir como para desgarrar la tierra” (1997, 1).
24
Registros históricos de 1915 y 1934 también narran que, durante temblores,
surgían columnas de vapor de hasta 45 metros de altura desde la extinta Laguna
Volcanes (Strand 1981).
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Biografías de las autoras
Jessica Sevilla es una artista, docente e investigadora de Mexicali. Coordina el Archivo
Familiar del Río Colorado con Rosela del Bosque, Mayté Miranda y Minoru Kiyota. Es
estudiante doctoral en el Instituto de Investigaciones Culturales IIC-Museo UABC.
Jessica Sevilla is an artist, professor, and researcher from Mexicali. She coordinates the
Archivo Familiar del Río Colorado with Rosela del Bosque, Mayté Miranda, and Minoru
Kiyota. She is a doctoral student at the Cultural Research Institute IIC-Museo UABC.
Rosela del Bosque es una historiadora del arte, curadora y profesora de Mexicali. Es
curadora en Planta Libre, profesora en la Facultad de Artes UABC y forma parte del
proyecto colaborativo Archivo Familiar del Río Colorado.
Rosela del Bosque is an art historian, curator, and professor from Mexicali. She is a
curator at Planta Libre and professor at the UABC School of Arts, and is part of the
collaborative project Archivo Familiar del Río Colorado.