Relaciones y poéticas fronterizas en el Archivo Familiar del Río Colorado

 

 

Jessica Sevilla

Universidad Autónoma de Baja California

sevilla.jessica@uabc.edu.mx

Rosela del Bosque

Universidad Autónoma de Baja California

ana.del.bosque@uabc.edu.mx

 

 

Resumen

Este texto y serie de imágenes describirán al Archivo Familiar del Río Colorado1, un proyecto de investigación artística y curadurías colectivas que procura hacer sentido de las relaciones que sostenemos con el agua en la región Delta del Río Colorado. No nos enfocaremos en hacer aportaciones conceptuales para el campo académico, pero sí trataremos de presentar a este archivo vivo como una forma y tecnología autogestiva mediante la cual hemos comenzado a producir conocimiento situado en bucles de praxis, aprendiendo de las relaciones geológicas y más que humanas en las que existimos. Narraremos algunos de los programas públicos que hemos organizado y presentaremos una lectura del espacio geográfico que habitamos, haciendo énfasis en cómo entendemos que la asimetría de la frontera geopolítica México-Estados Unidos se incorpora en nuestra experiencia y memoria del espacio, el río y el agua. También iremos planteando una serie de preguntas que nos puedan ayudar a orientar la producción del Archivo Familiar del Río Colorado, ubicando cuáles son los límites y los potenciales de este archivo como forma, tanto para resistir a las pérdidas ecosistémicas que sufrimos en esta parte de la cuenca como para imaginar su futuro.



Abstract

This text and series of images will describe the Colorado River Family Archive, an artistic research and collective curatorial project that seeks to make sense of the relationships we have with water in the Colorado River Delta region. We will not focus on making conceptual contributions to the academic field, but we will try to present this living archive as a self-managing form and technology through which we have begun to produce knowledge situated in loops of praxis, learning from the geological and more-than-human relationships in which we exist. We will narrate some of the public programs we have organized and present a reading of the geographic space we inhabit, emphasizing how we understand that the characteristic asymmetry of the Mexico-United States geopolitical border is incorporated into our experience and memory of space, the river, and water. We will also raise a series of questions that can help us guide the production of the Colorado River Family Archive, identifying the limits and potential of this archive as a form, both to resist the ecosystem losses we suffer in this part of the basin and to imagine its future.



Palabras clave/Keywords

Delta del Río Colorado, Colorado River Delta, investigación artística, artistic research, frontera México-Estados Unidos, US-Mexico border

 

 

Un archivo de las relaciones familiares que se producen en el Delta del Río Colorado

El Archivo Familiar del Río Colorado (AFRC)1 es un proyecto colaborativo que surgió sobre el Delta del Río Colorado durante el año 2021,2 un poco antes de que el Bureau of Reclamation de los Estados Unidos declarara escasez hídrica en la cuenca del Río Colorado por primera vez en su historia. Después de casi dos siglos de despojo territorial y desarrollo urbano en el oeste del continente norteamericano, a la par del aumento del control y militarización en la frontera México-Estados Unidos, mientras vivimos transformaciones ecológicas aceleradas en Mexicali, Baja California y el Valle Imperial de California, que conforman la mayor parte del Delta, un grupo de artistas, gestoras, curadoras, profesoras e investigadoras hemos estado reuniéndonos para organizar espacios y plataformas que nos permitan discutir estos fenómenos.



El Delta del Río Colorado. 2024. Esta imagen muestra un mapa de 1937 del explorador,
científico y autor Godfrey Sykes, sobre una fotografía satelital tomada de Google Earth este año.
En la foto se alcanzan a observar las ciudades de Mexicali, Baja California, Calexico y El Centro,
California. Las ciudades están rodeadas de parcelas agrícolas, ubicadas justamente dentro del
contorno inundable del Delta que ilustra el mapa de Sykes. Las parcelas a su vez están rodeadas
por sistemas de dunas al Este, algunas franjas de acumulación de sal al Sur y cadenas montañosas
en el Oeste y Noreste. En el mapa de Skyes también se leen algunos de los ríos y cuerpos de agua
que todavía existían en la primera mitad del siglo pasado. Fuente: Imagen propia editada por
Jessica Sevilla para el Archivo Familiar del Río Colorado con mapa de Godfrey Sykes e imagen
satelital tomada de Google Earth Pro.

Figura 1. El Delta del Río Colorado. 2024. Esta imagen muestra un mapa de 1937 del explorador, científico y autor Godfrey Sykes, sobre una fotografía satelital tomada de Google Earth este año. En la foto se alcanzan a observar las ciudades de Mexicali, Baja California, Calexico y El Centro, California. Las ciudades están rodeadas de parcelas agrícolas, ubicadas justamente dentro del contorno inundable del Delta que ilustra el mapa de Sykes. Las parcelas a su vez están rodeadas por sistemas de dunas al Este, algunas franjas de acumulación de sal al Sur y cadenas montañosas en el Oeste y Noreste. En el mapa de Skyes también se leen algunos de los ríos y cuerpos de agua que todavía existían en la primera mitad del siglo pasado. Fuente: Imagen propia editada por Jessica Sevilla para el Archivo Familiar del Río Colorado con mapa de Godfrey Sykes e imagen satelital tomada de Google Earth Pro.



En 2024, la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS) y la Comisión Internacional de Estratigrafía (ICS) negaron la existencia de una nueva escala geológica donde el entramado entre humanos y sistema económico sea suficientemente significativo como para justificar el reconocimiento de una nueva era. Es decir, para la geología, el Antropoceno, el Capitaloceno y toda la genealogía de los otros -cenos,3 no da cuenta de un tiempo geológico singular. Pero sí estamos ante una crisis de los sistemas biofísicos planetarios. Los -cenos son términos culturales que nos permiten investigar las relaciones de poder en el ensamblaje económico planetario, sostenidas por la cooptación y extracción de territorios, ecosistemas, mano de obra, formas de vida, relatos.

Estas relaciones forman parte del sistema abierto en el que vivimos y sí dejan residuos en el sustrato del mundo. No podríamos explicar, por ejemplo, las vastas extensiones de arena agrietada y costras de sal en los suelos de Mexicali y el Valle Imperial, sin referirnos al agotamiento de ecosistemas riparios y cuerpos de agua que conformaban al Delta, o a su promotor: el desarrollo urbano alrededor del Río Colorado, para el que se trata de racionalizar como valor de cambio a los flujos erráticos4 que conforman los deshielos de las Rocallosas.

En el AFRC nos organizamos para conversar sobre nuestra relación con un río que prácticamente ya no existe en el valle donde vivimos, que solía inundarse intermitentemente con esos deshielos. Partimos de imaginar a este archivo como un álbum multi-familiar o un repositorio que narrase relaciones afectivas con el río, pero ahora lo entendemos más como una tecnología para comprender y especular sobre las escalas temporales entretejidas de nuestras relaciones con lo más que humano; como los flujos de humedad y capital en esta cuenca. Sobre todo, vamos entendiendo cómo esta tecnología es un instrumento indisciplinado que, al discriminar y seleccionar ciertos documentos, va narrando sus propias historias con la mezcla de intereses y herramientas que tenemos a la mano sus participantes.5

Nuestro trabajo se ha ido consolidando a partir de lecturas, caminatas y diálogos de germinación lenta. Mayté, Minoru, Rosela y Jessica componemos un núcleo de gestión en Mexicali, aunque coordinamos programas públicos y exposiciones casi siempre acompañadas de otras pensadoras, artistas y amigas. Enero y Abril, Leslie García, Farrah Karapetian y María Torres son cuatro colaboradoras cercanas que trabajan con distintos medios y preguntas de investigación, que se articulan en intereses comunes por reimaginar las relaciones con lo más que humano, la geología, la ecología, la tecnología, la infraestructura, el trabajo y el cuerpo, nuestro mestizaje, el archivo, la mirada colonial, la ficción y la imagen.

Logramos entender este proyecto como plataforma de investigación de largo aliento después de una serie de diálogos con la artista medial y músico Leslie García, a quien invitamos a plantear una lectura sobre la contaminación que cruza la frontera en el efluente Río Nuevo (véase figura 2) del Río Colorado, que corre desde Mexicali hacia el Salton Sea de California –un lago ubicado en la parte más baja del valle. En respuesta, ella nos invitó a pensar sobre la complejidad más amplia del sistema hídrico en la región. Un año antes de esta conversación, a raíz de un taller de la artista visual Enero y Abril, ya se gestaba el interés tanto de escudriñar los archivos históricos e institucionales en búsqueda de huecos narrativos, como por reescribir las historias íntimas y cotidianas de nuestros archivos familiares dentro o encima de los archivos de la Historia con mayúscula.



El Río Nuevo. 2024. Fuente: Imagen propia editada por Jessica Sevilla para este artículo y
el Archivo Familiar del Río Colorado, a partir de imagen encontrada del Río Nuevo en las lluvias de
2014 y mapa de la ciudad del año 1920.

Figura 2. El Río Nuevo. 2024. Fuente: Imagen propia editada por Jessica Sevilla para este artículo y el Archivo Familiar del Río Colorado, a partir de imagen encontrada del Río Nuevo en las lluvias de 2014 y mapa de la ciudad del año 1920.



Tras la provocación de Leslie, empezamos un proceso exploratorio colectivo que no se ha detenido. Entonces, antes de organizar nuestro primer evento, nos tomamos un año para realizar caminatas hacia remanentes del río, hicimos búsquedas en archivos digitales e institucionales y entrevistamos agentes de la localidad que nos pudieran hablar acerca del agua en la region (véase figura 3).



Fotografía del equipo del Archivo Familiar del Río Colorado en diálogo con equipo de
geohidrología del Laboratorio de Ciencias de la Tierra del Instituto de Ingeniería de la Universidad
de Baja California, en el sitio de restauración Laguna Grande. 2021.

Figura 3. Fotografía del equipo del Archivo Familiar del Río Colorado en diálogo con equipo de geohidrología del Laboratorio de Ciencias de la Tierra del Instituto de Ingeniería de la Universidad de Baja California, en el sitio de restauración Laguna Grande. 2021.



Entre muchas otras preguntas sobre la historia y geografía regional, nos sirvieron de guía las siguientes: ¿por qué las crónicas que registraron el Delta del Río Colorado y la conformación de Mexicali no hablaron de las relaciones afectivas con el río, sino solo de modo tangencial cuando llegaron los antropólogos que estudiaron a la comunidad originaria Cucapá?, ¿por qué varios documentos, crónicas, cartografías y fotografías, entre otros, estaban resguardados fundamentalmente en bibliotecas estadounidenses?, ¿quiénes serían las personas que registraron esta geografía y cuyas voces conforman gran parte de los archivos que narran su Historia?, ¿cómo era su mirada?, ¿cómo es la nuestra?, y ¿en qué se parecen o distinguen esas aproximaciones?



Mirada de exploradoras caminantes que van tejiendo relatos

Para el AFRC, la relación con la frontera es ambivalente. Por un lado, la frontera geopolítica no es una metáfora. En términos geográficos nos ubicamos en el lado sur del límite binacional entre México y Estados Unidos, con lo que la asimetría de poder en la frontera tiene implicaciones para la recepción de agua en el último fragmento de la cuenca, así como para nuestra experiencia del lugar. Por otro lado, en la práctica y producción de sentido nos acercamos decididamente a lo fronterizo; a los bordes de lo que conocemos como prácticas educativas, científicas, narrativas, artísticas, afectivas y espirituales.

Compartimos el cuestionamiento de Rosi Braidotti (2019, 43) sobre la sobreproducción de códigos y términos de tracción acelerada en el capitalismo cognitivo de la academia, particularmente de los Estudios Culturales, e intentamos hacernos un espacio de praxis que sentimos más afiliado a ciertos frentes “post-disciplinarios”, nomádicos y críticos, que se reconocen como posthumanismos. Aprendemos desde nuestro contexto específico, perspectivas parciales y nuestras experiencias acuerpadas y múltiples, tratando de generar lo que nuestra tía gringa Donna Haraway (1988) llamaría conocimiento situado; un conocimiento que sea responsable al reconocer su posicionalidad y las relaciones intra-activas, material-discursivas, co-constitutivas e interdependientes en las que devenimos (Barad 2008).

Y aunque nos afiliamos a principios de los nuevos materialismos, que dotan de agencia a la materia y que procuran la disolución de los dualismos dominantes de la modernidad occidental, sentimos que la palabra post-humano, por el prefijo que sugiere la superación de lo humano, enuncia un deseo prematuro. Imaginamos que estas epistemologías son más un movimiento lateral que ascendente en su reconsideración de lo humano, porque las luchas básicas por la dignidad y los “derechos” humanos, por el agua y el territorio, enmarañadas en ensamblajes más que humanos, se disputan en la institucionalidad racionalista y abstracta del capital.6 Entonces parecería más indicado pensar una palabra que no refiera cabalmente a la superación de lo humano.

Nos afincamos en el conocimiento acuerpado y por eso organizamos espacios y eventos para estar en contacto físico con las múltiples formas que toma el agua en esta región y los entramados que vida que le rodean; desde la lluvia, aunque sea poca, los canales de riego, los humedales de aguas servidas, los cañones de los cerros, las fumarolas de vapores volcánicos, las lagunas de evaporación, el agua doméstica, etc. Nos es importante pensar los modos de interacción y comunicación con agencias y fuerzas no humanas, pero aún no sabemos definir esta práctica nepantlera7 con los referentes que tenemos a la mano. Aunque reconocemos la comunicación no-lingüística que sostenemos con la materialidad que habitamos, no sabemos cómo nombrar la interrelacionalidad que vivimos aquí con el río.

Mientras vamos dialogando con habitantes de la región, reconociendo cuerpos de agua que todavía existen y el vestigio de los que ya no están, buscamos lecturas que nos compliquen las formas de entender el paisaje porque nos relacionamos con el conocimiento al habitar el conflicto de nuestro ser racional y sensible. Desde el sur latinoamericano se plantean epistemologías que surgen de experiencias humanas que reconocen la interrelacionalidad, y no en respuesta a la modernidad, sino como práctica y filosofía ancestral. De los feminismos comunitarios territoriales reconocemos nociones como las de cuerpo-territorio y sentipensar,8 que, aunque nos ayudan a pensar, no son nuestras para enunciarnos. Estas palabras provienen de frentes de luchas y de tradiciones de relación profunda con la tierra, que tienen su propia potencia política y que la conservan en la medida en que no sean diluidas al usarse fuera de sus contextos.

Nosotras salimos de la ciudad para recorrer de cerca los cerros que vemos a diario, a lo lejos. Y, en esos trayectos, nos surgen deseos de reclamar como comunes, no necesariamente estatales, a los predios y paisajes privatizados que rodean la ciudad, ocupados por la industria energética, turística, minera e inmobiliaria. Pero sabemos que en nuestra relación con el Delta hay fracturas y grietas: desde nuestra manera de mirar y reconocer al desierto, hasta en la experiencia cotidiana de una ciudad autocéntrica, con ríos embovedados cubiertos por calles ¿Puede el archivo ayudar a esclarecer estas grietas?

Los encuentros coloniales en el Delta del Río Colorado se registran en crónicas escritas desde 1539 por Hernando de Alarcón hasta posteriores exploradores imperiales que buscaron el desarrollo agroindustrial de la región, seguidas de relatos de antropólogos, naturalistas extranjeros, discursos del turismo y algunos de la ciencia contemporánea. Los primeros relatos cumplieron la función de legitimar las aspiraciones expansionistas de la corona española en la península de Baja California; los segundos, las de Estados Unidos en la tierra irrigable de este valle; los de la ciencia aportaron a la clasificación y racionalización de la vida en la región; y los últimos a los de su continua explotación.

Como argumenta la lingüista Mary Louise Pratt (2011) en su análisis sobre la literatura de viajes y la mirada colonial, en el lenguaje de las ciencias naturales, de la preservación ecosistémica o del paisaje por descubrir que promueve el turismo, se esconden discursos buena onda, como les diríamos nosotras, o de anticonquista, como los llama Pratt, que han tenido un rol fundamental en la posesión extranjera del territorio. Más adelante mencionaremos brevemente el rol del capital estadounidense en la conformación de Mexicali y la transformación del Delta en un valle agrícola, pero aquí queremos hacer énfasis en la ubicuidad de esa mirada colonial en la frontera.

Nosotras, que desde la centralidad urbana de Mexicali salimos a explorar los cuerpos de agua que no podemos experimentar dentro de la ciudad, que no crecimos nadando entre canales de riego, que no heredamos conocimientos intergeneracionales sobre flujos, tiempos y fuerzas del agua en esta parte del desierto de Sonora, ¿cómo vamos a entender y narrar las relaciones con el agua y el río en Mexicali sin la benevolencia auxiliadora de las ciencias y la mirada del explorador?, ¿cuáles son las relaciones que queremos narrar? y ¿cómo nos corresponde narrarlas?





Visiones heredadas. 2024. Fuente: Imagen propia compuesta de tres impresiones de
pantalla: Screenshot de video del Archivo Familiar del Río Colorado tomada de YouTube,
sobreposición de discurso del presidente Theodor Roosevelt en imagen del desierto de Sonora,
impresiones de pantalla del video “The Roosevelt dam”. 1928, ubicado en The Library of Congress.

Figura 4. Visiones heredadas. 2024. Fuente: Imagen propia compuesta de tres impresiones de pantalla: Screenshot de video del Archivo Familiar del Río Colorado tomada de YouTube, sobreposición de discurso del presidente Theodor Roosevelt en imagen del desierto de Sonora, impresiones de pantalla del video “The Roosevelt dam”. 1928, ubicado en The Library of Congress. https://www.loc.gov/item/mp76000354/.



El dominio del flujo y la pérdida de cuerpos de agua que nunca conocimos

Hasta hace poco más de un siglo, aquí en la región deltaica todavía se inundaba con los ciclos de deshielo que viajaban desde Colorado. Al final de su trayecto sobre la masa continental, antes de desembocar en el Golfo de California, el flujo poderoso y cargado de sedimento rojizo descendía por cauces cambiantes en el valle de Mexicali e Imperial. Los cauces principales descendían adyacentes al sistema de dunas del Desierto de Altar en Sonora, formado por la propia acumulación sedimentaria del río y la erosión del viento durante millones de años (Muhs et al., 2003). Aquellas acumulaciones inquietas podrían generar obstrucciones en los cauces que descendían al mar, provocando que el río se desviara o “desbordara”9 hacia el oeste, inundando el valle. Cuando eso pasaba, el flujo escurría rellenando las hendiduras del suelo, que también eran cambiantes por la particular y constante actividad tectónica del lugar (Ramírez 2021, 180). Esta sección del río se formaba con arroyos ondulantes, cientos de hectáreas de humedales y lagunas ubicadas alrededor de estas fallas geológicas, formando lagos tan grandes como el Salton Sea,10 el Lago Volcanes, la Laguna Salada y, antes, el binacional Lago Cahuilla.

Quienes escribimos este artículo conocemos las inundaciones de Mexicali solo en temporadas de lluvia, sobre plastas de asfalto, en calles con problemas de drenaje, sobre cauces cubiertos y ríos entubados. Desde la construcción de las grandes presas estadounidenses a mediados del siglo pasado, alrededor del 92 por ciento de las aguas del Río Colorado y sus sedimentos no descienden al Delta. Y aunque hace diez años, con el Acta 319 del Tratado de Aguas de 1944 entre México y Estados Unidos, se comenzaron a liberar pequeños flujos ambientales para la restauración riparia (CILA 2018), en México, las aguas del Colorado son consumidas principalmente por industrias agrícolas, extractivas, transformadoras y de ensamblaje.

La devastación ecológica que se vive en el Delta es un proceso continuo que tiene orígenes puntuales en la historia de la administración del río, en el crecimiento de robustas economías y poblaciones a lo largo de la cuenca y del oeste norteamericano que ahora depende de sus asignaciones. La declaración de escasez de 2021 ejerció nuevas presiones sobre conflictos y manejos del río, aunque estas han estado presentes desde el comienzo del desarrollo agroindustrial en el Delta a principios del siglo pasado, en algunos momentos con más intensidad que otros.11

A la par de conflictos urbanos y binacionales por cauces modificados y caudales dominados, la comunidad Cucapá, o gente del río, ha sido desplazada a lo largo de distintos momentos en el siglo pasado y se asienta actualmente entre Somerton, California, Pozas de Arvizu en Sonora, el Indiviso entre Sonora y Baja California, el Ejido Cucapá Mestizo y El Mayor Cucapá en Mexicali. La mayor población en México, alrededor de 150 personas, habita en El Mayor, entre la rivera del Río Hardy12 y las faldas de la sierra Cucapá al suroeste del valle de Mexicali.

Hemos acompañado algunas actividades y pintas de murales organizadas por gestores culturales y cuidadores de la lengua en El Mayor, de ahí que reconozcamos algunas situaciones en esta comunidad, incluidas las dinámicas alrededor de la llegada de documentalistas, periodistas, antropólogos, gestores culturales de los gobiernos en turno y narradores externos. No se puede pensar en las relaciones ‘familiares’ que el Delta del Río Colorado ha tenido con las personas sin considerar a los pueblos yumanos y la comunidad Cucapá, pero creemos que narrarlas no es nuestro rol. Invitar a miembros de la comunidad como interlocutores sí, bajo ciertos términos y acuerdos. Hacer un archivo que sea consecuente con su deseo de subvertir las narraciones disciplinadas y racionalizantes que sostienen los procesos extractivos implica también considerar las fronteras de la mediación.



La frontera incorporada en nuestro paisaje cotidiano

Nuestra investigación no es artística porque se ocupe de investigar la producción o el objeto artístico, sino porque se asume en la práctica a partir de la experiencia sensible y del espacio frontera entre afecto y racionalidad que reconocemos como experiencia estética. Desde ese impulso buscamos formas y herramientas propias, según sea la comunidad de aprendizaje que se forme en cada capítulo del proyecto. Hace poco más de un año, compartir el AFRC en la serie de conversaciones bajo el título de Ecologías, materialidades y estéticas de la frontera, organizada por el Borderlands STS Lab, que ahora se extiende a esta publicación, nos estimuló a tratar de visualizar cómo entendemos la frontera, qué hace sobre los fenómenos territoriales en los que estamos inmersas y sobre la práctica misma de hacer archivo.

La frontera opera en la medida que clasifica cuáles cuerpos y flujos atraviesan su límite: cuerpos de agua, trabajadores, cultivos, multinacionales, energía. Es el mecanismo que valida y controla el flujo de lo humano y más que humano en este Delta, cuya forma y relaciones vivas le preceden. Trazar los efectos prolongados de este mecanismo de control, determinados por su propio poder asimétrico, nos es importante porque estos se acarrean temporal, espacial y corporalmente en los flujos más que humanos, materiales y simbólicos en los que participamos.

Si pensamos al río, a sus comunidades y economías, como parte del mismo flujo, en una reciprocidad en la que uno hace a los otros y viceversa, lo que le sucede se “incorpora” en los otros entramados y cuerpos con los que fluye. Cabe mencionar que los fragmentos de ese flujo no son iguales. En la medida que las fronteras se involucran en la construcción de nuestras experiencias, relaciones y memorias sobre el lugar, incorporamos los recortes de agua, las contaminaciones, las presiones del mercado regional del agua y la experiencia desigual13 del paisaje hídrico en nuestras vidas.

La mayoría de nuestras vidas hemos bebido agua del Río Colorado. Cuando comenzamos el proyecto, durante la pandemia de COVID-19, acababa de pasar un año en el que tuvimos varias pérdidas de seres queridos. Por esas ausencias nos recordamos cuerpos de agua que forman parte de ciclos y flujos planetarios y que, a su vez, son mediados por un sinnúmero de tecnologías. El conocimiento llegó al cuerpo en la Laguna Salada, al pensar en la muerte de una abuela, la evaporación total de su cuerpo y de la misma laguna. La lectura del hidrofeminismo de Astrida Neimanis (2017) aportó algunas palabras para articular ese saber corporal que todavía no sabíamos expresar. El concepto de hidrofeminismo es una propuesta para construir solidaridades con lo más que humano a partir de las condiciones materiales transhistóricas, transcorpóreas y transespecies del agua. Es decir, un modo de entender que el agua del cuerpo de la abuela retorna totalmente a la humedad de la tierra, a sus plantas y atmósfera, como ha circulado desde la misma formación del planeta.

Hemos aprendido la historia de nuestra ciudad y de esta región como una narrativa de prosperidad, crecimiento económico y oportunidades laborales que atrajeron a nuestras abuelas y abuelos a migrar hacia acá gracias a la dominación del río. Las grandes obras de infraestructura hidráulica, financiadas por y registradas en archivos de empresarios y gobiernos estadounidenses, cuentan esa Historia. El poder asimétrico no sólo se incorporó en la materialidad de la ciudad, en su trazado urbano e infraestructura de riego, también permeó relatos, imaginarios y deseos. Un relato común, presente en la retórica del Buró de Reclamación Estadounidense, en el desarrollo de este valle (véase imagen del lado derecho en la figura 4) y vigente en el habla mexicalense, es el de este territorio como un desierto vacío y carente de valor, solo transformado en valioso cuando se torna “verde” gracias a la infraestructura de riego.

El proyecto de dominar el Delta dio comienzo a la ciudad que habitamos. Y aunque este proyecto siga robusteciéndose, a nosotras nos gustaría observar la posibilidad de otros proyectos en la escucha de otros relatos: los de las relaciones emocionales y habituales con lo más que humano, con el río, con sus paisajes y el agua. Si también guardamos historias que enfaticen la dominación de la naturaleza, el desarrollo económico, el “ahorro de recursos naturales” o el fomento de los servicios ecosistémicos, será para examinarlas de modo crítico.

Reconocer la condición asimétrica de la frontera, ubicarla y posicionarnos con respecto a la direccionalidad de su ejercicio de poder, nos permite ir moviendo nuestras búsquedas. Para ubicarla, podemos dirigirnos hacia algunas de las tensiones actuales alrededor del Canal Tulicheck (véase figura 5), que atraviesa el valle y la ciudad, llevando el mayor caudal de agua que fluye por nuestro lado de la frontera hacia el Acueducto Río Colorado-Tijuana,14 pero que también es conocido por ser un vertedero de cuerpos humanos.





Canal Tulichek y Canal Cerro Prieto. 2024. Fuente: Imagen propia editada por Jessica
Sevilla con imágenes apropiadas de redes digitales para el Archivo Familiar del Río Colorado.

Figura 5. Canal Tulichek y Canal Cerro Prieto. 2024. Fuente: Imagen propia editada por Jessica Sevilla con imágenes apropiadas de redes digitales para el Archivo Familiar del Río Colorado.



El Río Hardy, uno de los últimos cauces con flujo, es un tanto inaccesible como lugar porque el mercado inmobiliario impera en sus orillas. La agroindustria, que acapara el agua, cosecha y empaqueta productos principalmente para exportación, particularmente forrajes y alfalfa. Y, actualmente, gran parte de las parcelas ejidales son arrendadas por compañías estadounidenses. La geotérmica del volcán Cerro Prieto, un proyecto pensado y financiado por Estados Unidos, extrae aguas subterráneas filtradas por muchísimos años de la existencia de Laguna Volcanes.

La mayor parte de la cuenca es administrada por las presiones de consumo del oeste estadounidense y la pequeña porción en la que vivimos, aunque esté en el país de México, pareciera que también. El paisaje que incorporamos en nuestra vida cotidiana lleva rastros activos o pasivos de la frontera, manifiestos en sus formas y elementos. En una noción interrelacional del paisaje, entendida a partir de ciertas pautas del antropólogo Tim Ingold, consideraríamos que cada uno de sus componentes “contiene en su esencia la totalidad de sus relaciones” (Ingold 2000, 191). Esto es, que mediante sus componentes, un paisaje determinado se relaciona con otros paisajes y escalas territoriales. El paisaje, entonces, es un registro, un archivo de esas relaciones con otros lugares mediados por la frontera (véase figura 6).





¿Qué compone al paisaje? 2023. Fuente: Imagen propia obtenida por una captura de
video editada por Enero y Abril y Jessica Sevilla para el Archivo Familiar del Río Colorado.
Composición con registro de sesión de escucha profunda en el sitio de restauración Laguna Grande
y audio de Leslie García.

Figura 6. ¿Qué compone al paisaje? 2023. Fuente: Imagen propia obtenida por una captura de video editada por Enero y Abril y Jessica Sevilla para el Archivo Familiar del Río Colorado. Composición con registro de sesión de escucha profunda en el sitio de restauración Laguna Grande y audio de Leslie García.



El archivo como tecnología narrativa

Cuando comenzamos a plantear este proyecto no lo imaginamos como un espacio físico y fijo o una institución que albergará documentos, sino como uno que nos fuera posible desarrollar, que existiera afuera de modo flexible: en el campo, en el museo prestado, en el sistema lagunar, en internet, con nuestras compañeras de la universidad, etc. Imaginamos un archivo que, ciertamente, se dedicara a reunir imágenes, anécdotas y ficciones, pero que también estuviera dirigido a la interpretación, edición y divulgación de estos materiales, y que pudiéramos ir acumulando con experiencias propias. Así que parte de nuestra labor ha sido buscar formatos con los que el archivo se active: cocuradurías que nos ayuden a organizar ideas y articular relatos colectivos pensados en caminatas, talleres, charlas, exposiciones, sesiones de escucha, entre otros.

Si el archivo se activa, si se mueve y adquiere distintas formas, si detona efectos y, sobre todo, si nos acerca a entender nuestras relaciones con el espacio que habitamos, podemos pensarlo como una tecnología. Los documentos, ya sean imágenes, textos, obras de arte o registros de nuestras caminatas, son dispositivos que activan conversaciones, sensaciones y preguntas. La imagen, por ejemplo, es en sí misma una tecnología que puede colectivizar una historia, detonar recuerdos y emociones a partir de un conocimiento localizado. Si bien el paisaje y los cuerpos mismos acumulan “hechos” (rastros de fuerzas económicas, eventos, pérdidas, traumas, etc.), no es hasta que nuestro lenguaje humano los hace evidentes que podemos activar la tecnología del archivo. Este, al ser un conjunto de información atada a recuerdos y experiencias del paisaje, intrínsecamente se moviliza por la emoción.15 Cada imagen, mapa, sonido, video, posee su propia emoción y voz. El archivo entonces moviliza afectos a través de sus diferentes medios, formatos y categorías.16





Dos fotografías de archivo familiar. Fuente: Cortesía de las familias Galarza y González Gastélum.


Figura 7: Dos fotografías de archivo familiar. Fuente: Cortesía de las familias Galarza y González Gastélum.

Figura 7: Dos fotografías de archivo familiar. Fuente: Cortesía de las familias Galarza y González Gastélum.



Si bien mencionamos que no imaginamos al AFRC como un entorno físico o como una organización con metas y objetivos fijos, en esta selección y lectura de documentos sí estamos construyendo un espacio con cierta configuración y ciertas miradas.17 Es un espacio que se mueve cuando involucramos a más personas a dialogar con nosotras, pero que también se sostiene alrededor de una red particular con posiciones, conocimientos e intereses que nos permiten buscar unas historias antes que o en lugar de otras.

Asumimos que nuestras prácticas, desarrolladas a partir de cómo entendemos y hacemos uso del archivo, deben enmarcarse en ciertos posicionamientos éticos y políticos. ¿Cómo funcionaría este archivo si se produjera desde la Comisión Estatal de Servicios Públicos para sus programas y campañas de ahorro sobre “cultura del agua”?, ¿o si fuera generado por una inteligencia artificial, buscando imágenes en las redes sociales mexicalenses para desarrollar una campaña emocional del tipo Coca-Cola Company, con el fin de expandir su consumo en esta parte de la cuenca o para permitir el aumento de producción en su planta en Mexicali?, ¿o si estuviera basado y fuera gestionado por la comunidad indígena de El Mayor Cucapá?

La cantidad de historias sobre relaciones con este territorio y el agua exceden por mucho a la capacidad que tenemos nosotras de escucharlas. Esa limitación inherente a los archivos, su imposibilidad de capturar la complejidad de la historia, es una que revela más sobre el poder que sobre la verdad, según sus silencios y omisiones (Mbembe 2020). Habrá ciertos silencios que no son omisión; cierto silencio que es mejor a usar memorias ajenas como “talismán” que las subvierte y transforma en mercancía, diluyendo deudas y disputas históricas.

¿Cómo se va a narrar en el futuro lo que nos pasa con el río ahora?, ¿seguirán siendo los científicos y ambientalistas estadounidenses?, ¿cómo nos vamos a enterar que las avenidas eran ríos y que las personas tenían vínculos afectivos con esos ríos?, ¿cómo vamos a entendernos para movernos hacia el futuro? Tenemos que leer la memoria del territorio en nuestros propios términos, aunque sea escabroso definir qué es “nuestro” y quiénes somos “nosotrxs”. El archivo entonces se instrumentaliza para entendernos a nosotras mismas de cara al poder, que modifica los recovecos más recónditos de las sierras que nos rodean y de los acuíferos que nos alimentan.



Activaciones del archivo y del cuerpo

Un primer evento público de memoria, música, danza, poesía y enunciación sobre la canalización del Río Nuevo, al que nombramos Nuestra Señora del Río Oculto (véase figura 8), comenzó por ayudarnos a encaminar la búsqueda de relaciones afectivas y espirituales con el agua y a guiar nuestras investigaciones sobre la cualidad “oculta” del Río Colorado.18



La señora Raquel Portillo prendiendo salvia blanca después de tomar la voz, en el cierre
del evento de Nuestra Señora del Río Oculto. 2022. Fuente: Fotografía de Mayté Miranda.

Figura 8. La señora Raquel Portillo prendiendo salvia blanca después de tomar la voz, en el cierre del evento de Nuestra Señora del Río Oculto. 2022. Fuente: Fotografía de Mayté Miranda.



Seguimos llevando a cabo una caminata en el sitio de restauración Laguna Grande,19 a cargo de la asociación binacional Sonoran Institute, con nuestra amiga Leslie García. Aquí realizamos una serie de sesiones de escucha profunda en los nuevos bosques de mezquite y de álamo, a la orilla del río, sobre su vegetación y pastos, e incluso en el paisaje subacuático. A partir de estos registros se elaboró una pieza de paisaje sonoro en la que se entremezclan ecosistemas y voces humanas, cuyos mensajes fueron enunciados en el evento de Nuestra Señora del Río Oculto y que queda como registro para el archivo, pero sobre todo detona los ejercicios de aprendizaje y comunicación con lo más-que-humano que utilizan al cuerpo, a los sentidos y las sensaciones.

Unos meses después, continuamos con la exploración de la Laguna Salada, una subcuenca seca ubicada al suroeste de Mexicali, entre la Sierra de Juárez y Cucapá, que solía ser sujeta a las inundaciones del Delta, pero se ha mantenido seca por al menos treinta años, ocultando multiplicidad de historias, toponimias e interrelaciones que existieron ahí. El proyecto Invocaciones al Agua entre los Cerros20 emprendió caminatas alrededor de la subcuenca y las sierras que le rodean, además de talleres y conversaciones sobre distintos procesos creativos de los que surgió una serie de gestos visuales, textuales y sonoros colectivos presentados en una exposición llamada “La huella del agua tiempo en forma de grieta” (véase figura 9).



Mapa de Invocaciones, 2022. Fuente: Textil con imágenes impresas en sublimación
hecho con los participantes de los talleres.

Figura 9. Mapa de Invocaciones, 2022. Fuente: Textil con imágenes impresas en sublimación hecho con los participantes de los talleres.



Lo más significativo de estos talleres y caminatas fue que pusimos a nuestros cuerpos en movimiento sobre los antiguos cauces del río. El acto de caminar exhaustivamente se volvió una herramienta metodológica para acercarnos a la frontera comunicativa con lo más que humano. Fue una manera de explorar en colectivo a través del diálogo, en sitio y desde la experiencia somática (véase figura 10).



Enero y Abril en la primera caminata alrededor del Pozo Coyote en Mayo de 2022.
Fuente: Imagen tomada por Mayté Miranda.

Figura 10. Enero y Abril en la primera caminata alrededor del Pozo Coyote en Mayo de 2022. Fuente: Imagen tomada por Mayté Miranda.



Más allá de reforzar la noción de ausencia, nos interesó imaginar y evocar aquellos fenómenos naturales perdidos; hacerlos presentes. Para nosotras, la invocación apela a la vida que habitaba ahí, a la memoria de sus ciclos y fenómenos, al presente de sus organismos y flujos imperceptibles, al futuro de su presencia.21 Enero y Abril nos llamó a crear desde “el rumor, desde el hueco, desde la sospecha, desde la historia potencial y desde la grieta” (Enero y Abril, 2024).



Imágenes tomadas durante la tercera caminata en él Cañón de Guadalupe. Fuente:
Imágenes tomadas por Jessica Sevilla y editadas por Rosela del Bosque.

Figura 11. Imágenes tomadas durante la tercera caminata en él Cañón de Guadalupe. Fuente: Imágenes tomadas por Jessica Sevilla y editadas por Rosela del Bosque.



Cada caminata trajo sus propias preguntas y cada uno de los participantes abordó distintos caminos de reflexión. Algunos entendieron al cuerpo como medio de contención de emociones, aguas e historias íntimas en relación con el espacio. En el video-performance titulado Contenedor, de Hugo Fermé, el cuerpo funge como un contenedor en sí mismo y se entiende como un medio de contención física del agua.

La acción traza el recorrido corpóreo y emocional del artista tras contener un trago de agua en su boca durante cuarenta minutos. Recuerda que el último gesto hacia su padre fue darle de beber. El video culmina con Fermé llegando al desierto, escupiendo el agua hacia el cielo, mojando su rostro mientras cae el atardecer. Da la sensación de un cierre de ciclo entre su cuerpo y el recuerdo íntimo con su padre.

En el caso de Anette Chávez, su video narra el devenir de un jarrón de cerámica extraído de la casa de su madre, que se fractura, estalla, vacía, al incorporar su historia familiar vinculada al Valle de Mexicali, cerca del pozo 89; es el agua y el sitio lo que la conecta con sus antepasadas. Para Ado, romper el jarrón no es impulso central, sino remendar los pedazos que quedaron. Más allá del destrozo, la acción recalca la grieta del jarrón; su contusión material y trauma emocional en relación con el paisaje y la memoria vinculada a él. De ser un objeto inanimado, el jarrón se aviva y corporiza los recuerdos y modos de vincularse con el espacio.



Archivo familiar: relaciones de parentesco con aguas y paisajes

En la repetición de rutas en la ciudad y la mediana estabilidad en la que vivimos, no estaremos pensando ni percibiendo la frontera violenta todo el tiempo sólo porque está ahí constantemente. Alguna imagen o situación suele “activarla”. Tal vez noticias sobre empresas que buscan instalarse para aprovechar las asimetrías antes mencionadas, al ver a una persona en situación de movilidad, al manejar de nuestra casa hacia Planta Libre sobre la Avenida Colón, que corre nueve kilómetros paralela a la barda, o al tener alguna charla sobre las migraciones de nuestras y nuestros abuelos. En el último caso, las nociones que tengamos de la frontera se activarán para recordarnos cómo atraviesa nuestra vida por completo.

Mencionamos anteriormente pensar nuestra relación con el agua como una especie de consanguinidad. Aunque a nosotras no nos tocó crecer bañándonos en el río, muchos álbumes fotográficos familiares en Mexicali tienen registros de días y paseos en esos lugares antes de que fueran vestigios. Un conjunto de esos recuerdos, de diferentes espacios y tiempos, nos permite imaginar a una comunidad articulada por paisajes afectivos, y al río como algo más que un valor de cambio; como participante común de la fotografía familiar. En estos documentos encontramos señales que ilustran la posibilidad de generar parentesco (Haraway 2016) con el río.

¿Cómo hablamos, desde nuestra familiaridad, sobre los cuerpos de agua y sus paisajes en Mexicali? ¿De qué manera heredamos, o no, las aspiraciones que tenían nuestros abuelos o padres del sueño americano y la movilidad económica asociada con este lugar? ¿Cómo se manifiestan dichas aspiraciones en Mexicali, en la arquitectura, la flota vehicular, en el consumo general, en el pasto bermuda y los árboles podados? ¿En qué modo reproducimos la afinidad de nuestros abuelos por el verdor de otras geografías, el rechazo de la aridez y el desierto? (véase figura 12).

Previo a nuestro primer evento público, el de Nuestra Señora del Río Oculto, hablamos con Jaziel Torres de la comunidad Cucapá Mayor sobre su participación y el tema que nos reunía: la memoria del río. Nos comentó que a él le habían enseñado que el río era como un abuelo, parte de su familia. En el evento, la señora Raquel Portillo, que en paz descanse, nos platicó sobre su lucha por conservar la pesca y sobre cómo era el río antes de las presas, cómo llegaba cargado de sedimento colorado (véase figura 8).



Una conclusión: el espacio (y en ello, el suelo) como archivo

Fred B. Kniffen, en The Natural Landscape of the Colorado Delta (1932), distingue las distintas tipologías de cuerpos de agua que integran la región deltaica del Colorado y su relación simbiótica con otros elementos del paisaje, como el sedimento, el Alto Golfo y las placas tectónicas. Al definir estas formas, identifica el desbordamiento como una categoría y fenómeno clave, y reconoce a la Laguna Volcano, la Laguna Salada y el Salton Sea como ejemplos de estos desbordamientos (Kniffen 1932, 173), pues son cuerpos de agua que se definen y existen en la medida en que el Río Colorado inunda su Delta y entra en estas cuencas. Cuando las aguas se retiran, lo que queda es la huella agrietada que el agua dejó en la cuenca. El sedimento y su constelación de grietas son testimonio de miles de años de entradas y salidas de agua, ahora interrumpidas.

Esta lectura geológica del Delta nos ha dado dos lecciones. La primera tiene que ver con que gracias a ella se formó un sistema regional amplio e interconectado a través de flujos erráticos, de “desbordes indisciplinados”. La segunda es que de ello sólo nos quedan las huellas agrietadas del suelo. Para estudiar el Delta del Río Colorado, entendimos que era necesario hacer el ejercicio de desedimentar,22 no solo buscando las grietas grandes en forma de fallas geológicas, fracturas y movimientos telúricos, sino desentrañando las relaciones coloniales entrelazadas con el mismo suelo. Como lo plantea Kathryn Yusoff (2018), la geología está profunda e históricamente entrelazada con el necropoder. La Laguna Volcanes, ahora seca, acumula el sedimento resultante de la extracción geotérmica; un proyecto energético desarrollado con el saber tecnocientífico estadounidense desde mediados del siglo pasado para exportar energía y que se ‘incorpora’ en el desgaste medioambiental, pero también en la salud pública de las comunidades aledañas.



Cerro Prieto, rodeado de lagunas de evaporación en donde antes estaría la Laguna
Volcán. Fuente: Fotografía de Rosela del Bosque.

Figura 12: Cerro Prieto, rodeado de lagunas de evaporación en donde antes estaría la Laguna Volcán. Fuente: Fotografía de Rosela del Bosque.



Pensar desde las temporalidades geológicas, además, nos ha permitido observar relaciones interescalares, de lo local a lo planetario, de lo micro a lo macro (véase figura 13). Mexicali, su valle y el Delta del Colorado están inmersos en un territorio geológicamente complejo, un paisaje desértico de volcanes de lodo, géiseres y aguas sulfurosas, situado en un intrincado sistema de placas tectónicas con la Falla de San Andrés como protagonista. La subducción de placas creó fallas y el levantamiento del suelo formó sierras y costas, mientras que la caída de fuerzas constituyó las cuencas en este mapa geológico de desbordamientos. Estas fuerzas tectónicas, manifiestas en la constante actividad sísmica, continúan remodelando el sustrato del Golfo de California y la región Delta.23





Figura 13: Una en el enredo. Fuente: Imagen propia a partir de un diagrama de dimensiones y
escalas sobre mapa de Thomas Burnet, publicado en 1694, que muestra al planeta sin agua y a
Baja California como una isla. Editado por Jessica Sevilla para este artículo, su tesis y el Archivo
Familiar del Río Colorado, 2024.

Figura 13: Una en el enredo. Fuente: Imagen propia a partir de un diagrama de dimensiones y escalas sobre mapa de Thomas Burnet, publicado en 1694, que muestra al planeta sin agua y a Baja California como una isla. Editado por Jessica Sevilla para este artículo, su tesis y el Archivo Familiar del Río Colorado, 2024.



“Las rocas no son sustantivos, sino verbos”, revela la autora y geóloga Marcia Bjornerud (2018, 8); son vestigios materiales de procesos en movimiento que abarcan grandes franjas de tiempo: erupciones volcánicas, levantamiento de sierras, terremotos. El suelo, entonces, es un archivo, las rocas hablan; son registros politemporales que evidencian un territorio y una serie de acuíferos en constante movimiento. Lo geológico nos ha impulsado a escuchar y develar historias de tiempos profundos. Los temblores y terremotos son parte de las mismas afinidades y relaciones vivas en el paisaje. Comprendernos como parte de los procesos terrestres y sus ciclos nos obliga a pensar en la conciencia del tiempo profundo: las escalas, lo misterioso y lo desconocido dentro de las relaciones planetarias. El terremoto de magnitud 7.2 del 4 de abril de 2010, evidenció que la Tierra estaba decidida a liberar energía más allá de nosotras.

La artista Karina Villalobos, en su proyecto sobre Sakamoto, un poblado vecino al ejido Michoacán y la planta geotérmica de Cerro Prieto, narra la transformación de un asentamiento que se desmoronó y cuyas tierras se abrieron durante ese terremoto. Su familia recuerda cómo la sierra desprendía polvo y oscilaba, mientras pequeños géiseres brotaban del suelo (véase figura 14).24 En el temblor de 2010, la licuefacción del terreno hacía imposible desplazarse, pero el paisaje geológico de Mexicali, vinculado al sistema planetario del Cinturón de Fuego del Pacífico, se reavivó como solía hacerlo antes de la instalación de la planta geotérmica (véase figura 15).



Licuefacción. Ejercicio realizado por la artista Karina Villalobos sobre Sakamoto durante
el taller “La imagen salvaje” en mayo de 2022. Fuente: Cortesía de la artista.



Licuefacción. Ejercicio realizado por la artista Karina Villalobos sobre Sakamoto durante
el taller “La imagen salvaje” en mayo de 2022. Fuente: Cortesía de la artista.

Figura 14: Licuefacción. Ejercicio realizado por la artista Karina Villalobos sobre Sakamoto durante el taller “La imagen salvaje” en mayo de 2022. Fuente: Cortesía de la artista.



Licuefacción. Ejercicio realizado por la artista Karina Villalobos sobre Sakamoto durante
el taller “La imagen salvaje” en mayo de 2022. Fuente: Cortesía de la artista.

Figura 15. La Planta Geotérmica Cerro Prieto, s.f. Fuente: Cortesía del Archivo Histórico del Municipio de Mexicali.



Como en los otros paisajes y cuerpos de agua mencionados, las fuerzas asimétricas de la frontera han quedado incorporadas en la desecación de la Laguna Volcanes y el agotamiento de los acuíferos con la operación de la planta geotérmica. La frontera no solo ha modificado el espacio y los ecosistemas donde vivimos, sino que también ha impactado los flujos y procesos planetarios con los que estamos entrelazadas, así como nuestra capacidad de disfrutar las vistas de aguas superficiales y humedales, sus sonidos, frescuras y alimentos. Pensar la frontera desde la materialidad del agua y el agua desde la frontera nos ha permitido comenzar a visibilizar los entretejimientos de escalas espaciotemporales con la cotidianidad vivida en la ciudad, hasta los flujos planetarios y el tiempo geológico. En esta maraña, las relaciones de la frontera y las dinámicas acumuladoras del capital nos permiten entender los cambios irreversibles del vasto Delta, que trastocan cuerpos y las entrañas propias. Para el Archivo Familiar del Río Colorado, fluir caminando y pensando con la entraña es un primer paso hacia una ética del cuidado que nos permita imaginar futuros juntas con el Delta del Río Colorado.

Notas

1 Jessica Sevilla (1988) y Rosela del Bosque (1997) gestionan e investigan el Archivo Familiar del Río Colorado en colaboración con Mayté Miranda y Minoru Kiyota.

2 En este texto se comprende como Delta del Río Colorado, con mayúscula, no sólo a la desembocadura en el Golfo de California, sino a la región inundable que abarcaba desde el Salton Sea, hasta las zonas de humedales, lagunas, ríos, arroyos y estuarios en Mexicali y la frontera con Sonora.

3 El debate sobre los -cenos comienza con la propuesta del término Antropoceno por el químico y ganador de Premio Nobel, Paul Crutzen, quien sugiere el inicio de una nueva era geológica marcada por los efectos prolongados de los procesos antropogénicos a escala planetaria e interespecie. Posteriormente, se articulan conceptos como el Capitaloceno (Andreas Malm, Jason Moore y más tarde utilizado por Haraway), que hace énfasis en el rol del sistema capitalista sobre la noción del ‘antropos’, o el Plantationoceno (Haraway 2014;Tsing 2014; Gilbert y Edel 2015) y el Chthuluceno (Haraway 2016).

4 Usamos y comprendemos a los flujos como “erráticos” a raíz de una serie de conversaciones con nuestra amiga Andrea Torreblanca, quien durante los últimos tres años ha curado una serie de eventos y conversaciones en la región fronteriza de las californias, a través de su colaboración con INSITE, también para pensar en relaciones interescalares y fenómenos ecológicos que atraviesan la región.

5 Mayté Miranda es artista visual, gestora, curadora y profesora; trabaja con medios como la escultura, dibujo, fotografía, haciendo textos y autopublicaciones, además de la gestión y docencia de artes plásticas para infancias. Ha participado en distintos proyectos artísticos colaborativos y actualmente es curadora en la galería en la que nació este proyecto, Planta Libre. La galería es dirigida por Minoru Kiyota, quien es arquitecto, estudió una maestría enfocada en la práctica del diseño y las relaciones socioambientales, y también ha participado de otras iniciativas culturales y ciudadanas. Desde hace años explora el archivo de su obāchan, mientras aprende de su historia migratoria y su vida en Mexicali.

Como Mayté, Rosela del Bosque es curadora en Planta Libre y en otros proyectos independientes. Estudió una licenciatura en historia del arte y una maestría en curaduría después de que empezáramos este proyecto, por lo que sus intereses en esta geografía y la práctica curatorial se han ido agudizando a la par. Actualmente le interesa la geología, los fenómenos de geotermia, vulcanismo y los procesos extractivos en la región. También es profesora en materias de gestión cultural y crítica de arte en la Facultad de Artes de la UABC.

Jessica Sevilla también es artista, gestora cultural, arquitecta y profesora universitaria. Estudió una maestría en estudios de diseño, enfocándose en procesos de apropiación del espacio. Investiga sobre la producción del paisaje afectivo del agua en Mexicali desde un programa doctoral en Estudios Culturales. Ha colaborado en iniciativas ciudadanas, en co-curadurías locales y desde hace diez años tiene una práctica artística que explora la geografía con imagen, texto, cartografía e instalación.

En equipo, hemos intercalado tareas de recopilación y producción de registros documentales, tanto en caminatas y diálogos, como en investigaciones de escritorio. Guardamos crónicas, historias orales, imágenes de archivos familiares, de archivos institucionales y encontrados, paisajes sonoros, documentos de gobierno, proyectos de desarrollo, artículos científicos, mapas, obras de arte, memes y publicaciones en redes sociales, entre otras cosas. Planeamos talleres para trabajar con estos registros, explorando preguntas particulares, editando materiales y buscando relecturas de los archivos existentes.

6 Como afirma el geógrafo Henri Lefebvre (1974), la naturaleza no trabaja por sí misma, sino cuando la domina la fuerza acumulativa del capital para convertirla en valor de cambio.

7 En Nepantla: liminalidad y transición. Escritura chicana de mujeres, Gloria Anzaldúa (2007) plantea el Nepantla como un sitio, estado y percepción de entremundos, de liminalidad y cruce entre fronteras como parte medular de la experiencia chicana. Nepantla forja y abre camino a nuevas identidades, espirituales, lingüísticas, socioculturales, geopolíticas, psicológicas y creativas.

8 Reconocemos el concepto de sentipensar, tanto por la activista guatemalteca Lorena Cabnal (2022) como por el antropólogo colombiano Arturo Escobar (2016), que a su vez lo retoma de Fals Borda (1984), quien, después de sus intercambios con las concepciones ribereñas colombianas de la costa atlántica, identificó los modos de relación y entendimiento con el entorno como uno que involucra al cuerpo para pensar. Sentipensar es un llamado a ser y relacionarse, superando el problema de mente-cuerpo; pensar con el corazón y sentir con la cabeza; una noción que, a pesar de ser apropiada por la antropología de comunidades indígenas, no tiene un significado que sea exclusivo a los pueblos, ni a la tradición académica decolonial.

9 Pensar al río como una línea definida sobre el terreno, argumenta el arquitecto y planificador Dilip da Cunha (2019), es un acto de creación humana; un designio o diseño que parte de la representación visual, el deseo cartográfico y de dominación. Él nos exhorta, en cambio, a considerar a los ríos como un campo abierto de humedad. La idea de un “desbordamiento”, por tanto, refuerza la idea de un río dominado en la forma fija de un cauce.

10 El Salton Sea, mencionado varias veces en este texto, es un lago salino ubicado al norte del Valle Imperial, en la parte más baja del Delta. Este se llenó de “modo accidental” cuando en los esfuerzos ingenieriles por la dominación del caudal en 1905, el Colorado se desbordó. Su agua fluyó a través de dos antiguos cauces, el de Río Nuevo y Río Álamo, que hasta la fecha siguen transportando drenaje agrícola del Valle Imperial y Mexicali hacia el Salton, contribuyendo a mantener el nivel de agua en el lago, pero también a su salinidad y deterioro ecológico.

11 El desarrollo agrícola del desierto del Colorado germina después del interés del doctor Oliver Wozencraft, quien a mediados del siglo XIX comienza a promover la idea de desviar el caudal del río hacia el noroeste—por el cauce del río Álamo— para mover el agua por gravedad hacia el Salton Sea. En 1906, cuando ya había desviado el caudal y una serie de inundaciones llenaron el Salton, Los Ángeles Sunday Times publicaron en primera plana una imagen y texto que expresaban el deseo del Bureau of Reclamation de redibujar el límite binacional, de modo que este incluyera al cauce del Río Álamo y lo que hoy es Mexicali como parte de Estados Unidos (Berumen 2013).

Al ser expulsadas las compañías estadounidenses del valle de Mexicali durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, particularmente después de 1938, la política de poblamiento para la región mantuvo una relación directa con las ideas de dominar desierto y río. Antes de que el agua fuera acaparada por Los Ángeles y otros centros urbanos estadounidenses, el valle de Mexicali fue impulsado a reclamar su porción del caudal haciendo al desierto productivo, trasladando las lógicas de la frontera, enlazadas con el nuevo nacionalismo, hacia las tierras “salvajes” o improductivas (Ward 2001).

Entre las décadas de 1960 y 70, los suelos agrícolas del valle sufrieron un grave problema de salinidad relacionado con la calidad del agua entregada por Estados Unidos; en Mexicali no sólo se perdieron los cultivos, sino que se disponía de agua contaminada para vivir. Más recientemente, en 2017, el gobierno estatal de Baja California intentó privatizar el suministro de agua, concediendo la construcción de una desalinizadora a un consorcio mexicano-israelí y una megacervecera transnacional de la compañía Constellation Brands. Es decir, las presiones del mercado de agua en California, su urbanización y las dinámicas asimétricas de la frontera, volvieron a poner en desventaja a los ecosistemas y la disponibilidad de agua en el lado sur del límite binacional.

12 El Mayor no tiene infraestructura de agua potable; el agua llega en camiones con pipas. El caudal del Río Hardy proviene de aguas urbanas servidas que pasaron por un proceso de biorremediación en unos humedales artificiales Las Arenitas, un proyecto que opera desde 2007, construido con fondos del North American Development Bank.

El nivel del agua del Hardy es bajo, por ende, no hay peces como antes, tanto porque la liberación de agua es escasa, como porque los campos turísticos río arriba colocan represas. A lo largo de estos años, y con mayor intensidad a partir de la creación de la Reserva de la Biósfera del Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado en 1993, la comunidad ha demandado su derecho a la pesca y resistido a los procesos coloniales en la ribera.

13 El desarrollo acumulativo es desigual por naturaleza; la asimetría en la producción del espacio no es sólo subproducto del capitalismo tardío, sino que es inherente al funcionamiento del sistema mismo (Smith 1984). Si esa cualidad asimétrica se potencializa en las fronteras –en los cercamientos de los Estadosnación o en las fronteras intraurbanas–, las experiencias y aprendizajes que generamos al movernos en estos espacios, al interactuar y vincularnos con sus entramados ecosistémicos, no sólo son desiguales porque nosotras seamos personas distintas, sino porque las dinámicas de poder desigual dan forma a los espacios en los que vivimos. De ahí que cuando experimentamos el paisaje en el Delta, no podemos desprendernos de este mecanismo clasificador y biopolítico que parece trastocar todo el espacio que habitamos.

14 El flujo en dirección a la costa obedece a la demanda de la industria maquiladora en Tijuana, así como al mercado de agua californiano. Sobre este flujo, la desaparición forzada en el país, entre un entramado más complejo de relaciones, se incorpora en la materialidad del agua y el paisaje. Si bien el canal tiene apenas algunos tules y sauces que le rodean aferrados, el Tulicheck es una parte del río que queda en la ciudad y, sin embargo, se habla de cubrirlo para convertirlo en avenida; de ocultarlo para no ver la violencia que este incorpora y tampoco el agua.

15 Como la investigadora Elia Méndez García expresa en su investigación sobre los mineros serranos de la Sierra Juárez en Oaxaca, “la potencia de recordar vincula a la mente con el corazón, a la razón con el sentimiento. Une lo que el capital se empeña en separar. Une lo olvidado en el recuerdo” (Méndez 2017, 177).

16 Por casi cuatro años, hemos alimentado una plataforma digital que almacena archivos JPG, PDF, capturas de pantallas de mapas que forman parte de colecciones de archivos estadounidenses, conversaciones y publicaciones de redes sociales. Se han categorizado estos documentos y se ha establecido un orden según la voz de quien narra, sea un explorador inglés del siglo XIX, una familia que describe un domingo en los canales del Valle de Mexicali, un mapa que ilustra cuerpos de agua que ya no existen o una obra de arte que retrata el Río Hardy. Estos testimonios brindan perspectivas múltiples sobre la historia que se ha contado del Delta, sus ecologías y el desarrollo del valle.

El archivo colonial tiene distintas formas y tesituras materializadas por los relatos de exploradores españoles, misioneros, cartógrafos europeos, científicos desinteresados, etnógrafos, turistas que buscan un paraíso desolado que se asemeje a la idea de espacio desierto que se sostuvo de la Isla de California en dos siglos. También está el documento histórico institucional, la crónica fotográfica que registra el dominio del río, el triunfo de la ingeniería hidráulica. Por otro lado, están el meme y las publicaciones de Facebook donde se manifiestan expresiones contingentes a los fenómenos de la lluvia y la sequía, los recuerdos y añoranzas de cuerpos de agua y canales de riego donde se bañaba la población. Hay sarcasmo e ironía para sobrellevar su estado actual de abandono y hedor. En los recuerdos y las fotografías de archivos familiares están expuestas las prácticas cotidianas, (véase figura 7) los espectros de relaciones particulares con cuerpos de agua que ya no existen y paisajes que han cambiado. En la producción artística encontramos aproximaciones al paisaje que varían según su tiempo y voz narrativa.

17 Hablamos desde el privilegio de vivir en la ciudad, con educación universitaria y el idioma inglés que nos permite buscar en bases de datos estadounidenses. También tenemos la posibilidad de acceder a becas para rentar carros grandes que nos trasladen acompañadas hacia el valle y las montañas para conocer sus ecosistemas y hacer este proyecto, a pesar de los conflictos armados que suceden en la región.

18 En él aludimos a la wādī al-lubb, posible origen de la palabra Guadalupe y que lleva el significado de “río escondido” en árabe. Así como su figura nos recuerda el mestizaje violento, en el evento astronómico de esa noche (la lluvia de estrellas de la constelación Hydra), nos permitió llamar a nuevas maneras de significar nuestra relación con el misterio de las relaciones planetarias con el agua y la vida.

19 Este sitio es una franja que ha sido repoblada de bosques riparios después de las liberaciones del flujo ambiental de 2014, posible gracias al Acta 319 del Tratado de Aguas entre México y Estados Unidos de 1944.

20 Ese periodo de 2022-23 invitamos a colaborar a Enero y Abril, amiga y artista de Xalapa, Veracruz, que hilvana su propia práctica artística con la microhistoria, el archivo familiar y las relaciones vivas con el territorio. Impartió el taller “La imagen salvaje”, que suele trabajar a partir del archivo familiar, público o encontrado, con la intención de ficcionar, reapropiarse e incluso crear las historias que le puedan faltar a la Historia, a la par que se dialoga con autoras como Gloria Anzaldúa, Silvia Rivera Cusicanqui y Ariella Azoulay. Por llevarse a cabo en el espacio cultural de Planta Libre, participaron mayormente artistas, arquitectas, gestores, diseñadores, pero también se acercó Ricardo Corral, quien tiene formación en ciencias químicas y deseos de experimentar desde las artes y pensar con el Archivo.

La investigación documental marcó pautas sobre los espectros del agua que podríamos ver en el sitio. Con ello propusimos algunos de los caminos que cruzan la cuenca, cuerpos de agua, cañones y montañas, identificando rutas antiguas, abanicos aluviales e historias del lugar que definieron los tres momentos de las caminatas: la de Pozo Coyote al sureste de la Salada en mayo de 2022, otra sobre la Sierra Cucapá en enero de 2023 y la última en el Cañón de Guadalupe en abril de 2023.

21 Emprendimos el ejercicio de recorrer el espacio buscando vínculos que nos recuerden qué saberes y sentires están en la entraña, aunque pudiesen sentirse latentes en la ciudad. Desde esas experiencias del espacio y caminatas lentas conectamos al recuerdo de otras experiencias en el campo, a la temperatura de los cañones, al deseo de entrar en las aguas termales, entre otras cosas (véase figura 11).

22 Término presentado por Kathryn Yussof para hablar sobre el desmantelamiento de las estructuras que históricamente se han “sedimentado” en el espacio, enredadas con la ciencia y práctica de la geología y sustentadas en el colonialismo, las relaciones de raza y la extracción de bienes en el planeta.

23 Peter L. Kresan, en su artículo “A Geologic Tour of the Lower Colorado River Region of Arizona and Sonora”, explica que el Delta del Río Colorado “es un paisaje moldeado por una larga serie de acontecimientos geológicos superpuestos que actúan tanto para construir como para desgarrar la tierra” (1997, 1).

24 Registros históricos de 1915 y 1934 también narran que, durante temblores, surgían columnas de vapor de hasta 45 metros de altura desde la extinta Laguna Volcanes (Strand 1981).

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Biografías de las autoras

Jessica Sevilla es una artista, docente e investigadora de Mexicali. Coordina el Archivo Familiar del Río Colorado con Rosela del Bosque, Mayté Miranda y Minoru Kiyota. Es estudiante doctoral en el Instituto de Investigaciones Culturales IIC-Museo UABC.

Jessica Sevilla is an artist, professor, and researcher from Mexicali. She coordinates the Archivo Familiar del Río Colorado with Rosela del Bosque, Mayté Miranda, and Minoru Kiyota. She is a doctoral student at the Cultural Research Institute IIC-Museo UABC.

Rosela del Bosque es una historiadora del arte, curadora y profesora de Mexicali. Es curadora en Planta Libre, profesora en la Facultad de Artes UABC y forma parte del proyecto colaborativo Archivo Familiar del Río Colorado.

Rosela del Bosque is an art historian, curator, and professor from Mexicali. She is a curator at Planta Libre and professor at the UABC School of Arts, and is part of the collaborative project Archivo Familiar del Río Colorado.